Miles de cántabros se manifiestan en repulsa por el último atentado etarra

Unas 40.000 personas se manifestaron ayer en Santander para expresar su condena de la organización terrorista ETA, que el pasado miércoles perpetró en el barrio de La Albericia un atentado con coche bomba al paso de una patrulla de la policía. La explosión costó la vida a dos personas, dejó en coma terminal a otra y ocasionó heridas a casi una veintena. En la manifestación, la mayor que se recuerda en la capital cántabra, se observaron pancantas con el lema "El pueblo contra el terrorismo", así como otras pidiendo un referéndum para el reestablecimiento de la pena de muerte.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, Claudio Movilla, afirmó ante la multitud: "Miguel de Cervantes dejó escrito que el terror tiene los ojos muy grandes. Casi cuatro siglos después nos hemos dado cuenta de que el terrorismo indiscriminado también tiene los ojos muy grandes y, además, puestos sobre la ciudadanía en general. No es de paz ni de bien matar de noche y por la espalda en la calle de todos". "El espejo democrático tiene un blindaje que los cobardes dinamiteros nunca romperán", añadió.La ministra de Asuntos Sociales, Matilde Fernández, y las autoridades regionales, entre ellas el presidente de Cantabria, Juan Hormaechea, y el alcalde de Santander, Manuel Huerta, acudieron junto a líderes políticos y sindicales. Cientos de manifestantes convirtieron en un clamor el grito de "muerte a ETA". En una pancarta se leía "ETA al paredón. Gobierno vergonzoso". Desde un vehículo se pidió la retirada de todas la pancartas, a fin de que prevaleciese la oficial, pero sus portadores desoyeron la demanda.

Horas antes de la marcha, a las 13.00, los cántabros suspendieron sus actividades durante cinco minutos en señal de luto. Poco antes del paro, en el cementerio de Ciriego recibieron sepultura los restos de Eutimio Gómez Gómez y su mujer, Julia Ríos Rioz, las dos víctimas mortales.

A las 11.30, en la parroquia de Nuestra Señora de Montesclaros, 21 sacerdotes, presididos por el obispo, José Vilaplana, oficiaron los funerales. Además de Hormaechea, acudieron los subsecretarios de Interior, Santiago Varela, y de Sanidad, Mari Ángeles Amador.

A la salida de la ceremonia, el subsecretario de Interior calificó el terrorismo de "maldición y desgracia". Varela dijo desconocer el contenido del artículo firmado por el alcalde de Torrelavega, el socialista José Gutiérrez Portilla, propugnando el cambio de las leyes para poder aplicar la pena de muerte a los terroristas. "Me remito", se limitó a comentar, "a lo que dice la Constitución española y ésta no contempla la pena máxima". El secretario general de PSOE cántabro, Jaime Blanco, consideró ayer que "debatir ahora la pena de muerte no es acertado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de febrero de 1992.

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