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Tribuna:

Exorcismos

En la Edad Medía, los católicos recurrían a un exorcista para liberar del demonio a los poseídos. En los albores del tercer milenio y en la era de los satélites y de la informática, árabes e israelíes se han diabolizado recíprocamente, de tal manera que ,el exorcista James Baker va a necesitar unas cuantas sesiones más para que los protagonistas de la Conferencia de Paz, liberados de sus fantasmas, entren en la fase de las negociaciones realistas.Hasta ese momento, el psicodrama que ha organizado Madrid es un éxito incontestable, a pesar de las invectivas intercambiadas por sirios e israelíes y las gesticulaciones de los más extremistas, que intentan justificar de antemano las concesiones que podrían llegar a hacer. No sólo han caído muchos tabúes, sino que, además, a los diferentes agentes les cuesta resistirse a la lógica de paz impuesta por Estados Unidos.

Para medir el camino recorrido hay que recordar de dónde vienen unos y otros. El proyecto de Estado judío concebido a finales del siglo XIX por Theodor Herzl y el sionismo socialista de los primeros colonos del siglo XX se apoyaba en un postulado erróneo, pero del que ellos estaban convencidos: "Un pueblo [el judío] sin tierra, por una tierra [Palestina] sin pueblo".

Al constatar (o al descubrir) que los palestinos realmente existían, el sionista revisionista VIadímir Jabotinsky, cuya filosofía sigue inspirando al Likud, escribía en 1923: "No podemos ofrecerles ninguna compensación. Nuestra política con los árabes debe ser un muro de acero que la población local nunca podrá romper. Cualquier otra formulación de esa política sería hipocresía". Aproximadamente medio siglo después, Golda Meir, primera ministra laborista, se empeñaba en negar la existencia de un pueblo palestino e incluso de la identidad palestina.

Por otro lado, Ahmed Choukary, líder paléstino de los años cincuenta, exhortaba a los árabes a "arrojar a los judíos al mar". Y en 1964, en el momento de su creación, la OLP defendía la destrucción del Estado de Israel. Ahora, por primera vez desde 1948, una delegación palesflifa, con el beneplácito de Yasir Arafat y de la OLP, ha participado como parte íntegra en esta reunión histórica, frente a frente con la delegación israelí. Pase lo qué pase en los próximos días y semanas, este cara a cara constituye un punto sin retorno.

Más que el odio, lo que israelíes y palestinos deben exorcizar es el miedo al otro y una desconfianza que alimentan desde principios de siglo. Partidario acérrimo del gran Israel, Isaac Shamir estaría dispuesto, si no a renunciar a todos los territorios ocupados, sí al menos a aceptar unos compromisos sustanciales con la condición de asegurarse de que Israel será "aceptado y reconocido" y, por tanto, dispuesto a obtener la paz.

Desde que en 1982, en la cumbre de Fez, se adoptó un plan de paz, los Estados árabes y los palestinos no se oponen ya teóricamente a "reconocer y aceptar" a Israel, con la condición de que este último restituya los territorios, acabe por reconocer a la OLP y acepte la existencia y, por tanto, los derechos del pueblo palestino.

Esto es esencialmente lo que está en juego en las negociaciones bilaterales que acaban de empezar. Paradójicamente, puede que los negociadores israelíes y palestinos se entiendan mucho mejor de lo que se piensa, aunque estos últimos tuvieran que contentarse, en una primera etapa, con la fórmula de autonomía en lugar de con un Estado soberano. Puede ser, porque pertenecen a dos pueblos que han sufrido mucho y ,porque tienen en común muchas más afinidades de las que se cree. Es cierto que los palestinos se han convertido, según un israelí de izquierdas, en los judíos del mundo árabe". Además, dentro del mundo árabe, ellos son los que cuentan con el mayor número de científicos (ingenieros, médicos, profeso res, investigadores, etcétera) en proporciona su población (entre cinco y seis millones en todo el mundo).

Dicho esto, nada impedirá que los negociadores de las dos partes tengan en mente los temas de futuras negociaciones multilaterales en las que lo que se pondrá en juego será también de suma importancia, en particular lo relativo al agua y los armamentos. Según la disposición con la que se aborde, el tema del agua podrá ser una manzana de la discordia o un factor de cooperación. También ahí habrá que recurrir a los exorcismos.

En efecto, Israel tiene un déficit de cerca de 500 millones de metros cúbicos, que intenta llenar por diversos medios. Sirios y libaneses le acusan de absorber agua de sus respectivos ríos: el Yarmouk y el Litani. Los egipcios, por su parte, sospechan que los israelíes utilizan técnicas avanzadas para desviar parte de las aguas subterráneas del Sinaí, mientras que ellos mismos tienen que financiar un proyecto de 500 millones de dólares para sacar agua dulce del canal de Suez con la que poder regar la península.

La meseta del Golán, encima de Jordania y del lago Tiberiades, anexionada por Israel en 198 1, no sólo es importante desde el punto de vista estratégico y militar -debido a que permite controlar el camino hacia Damasco y se inclina sobre Galilea-, sino que Jordania tiene en ella sus fuentes y domina dos de sus afluentes, Benias y Al Dans, que le proporcionan la tercera parte de su fluido. Por último, los restantes recursos hidráulicos del Golán, sobre todo sus reservas subterráneas, alcanzarían unos 200 millones de metros cúbicos.

Estos datos explican en parte la intransigencia de Siria, que quiere estar segura de recuperar ese territorio antes de firmar un tratado de paz. Pero tampoco puede evitarse pensar que a todos los países de la región les interesaría igualmente encontrar unos compronusos para garantizar áu seguridad y cooperar utilizando la tecnología punta israelí a la hora de repartirse el agua de la forma más equitativa.

En cuánto a los armamentos, los Estados árabes son superiores numéricamente en hombres y en material. Por el contrario, Israel domina lo ha demostrado en todos los conflictos desde 1948- por la calidad de sus militares, por su superioridad tecnológica y sobre todo porque es el único de esa región que posee armas atómicas: se calcula que puede disponer de unas 300 cabezas nucleares. Estados Unidos fomentó esta ventaja gracias a la guerra del Golfo, pero a cambio espera que los dirigentes israelíes no bloqueen la lógica de la paz.

Las inspecciones llevadas a cabo por representantes de la ONU y de la Organización de la Energía Atómica han permitido neutralizar la amenaza nuclear iraquí; además, Washington ha dado un toque de atención a Pakistán, que también. posee potencia atómica. Paralelamente, el conflicto y los Scud que cayeron sobre el Estado hebreo -sin distinguir entre israelíes y palestinos fueron la prueba de que la profundidad territorial tiene sus límites: aunque estén anexionados, los territorios ocupados no protegerán a los israelíes de los misiles que podrían lanzarse desde Arabia Saudí o incluso desde la República Islámica de Irán, que no ha dejado de manifestar su hostilidad a la Conferencia de Madrid.

La sensatez y el realismo (pero también, y sobre todo, Estados Unidos, la Unión Soviética y Europa) desearían que se procediera a una desmilitarización de Oriente Próximo y a una reducción de los arsenales de armamento. Pero semejante logro requerirá mucho tiempo, y supone que la confianza sustituya al miedo. ¡Exorcismos! ¡Exorcismos! ¡Exorcismos!

Paul Balta es director del Centro de Estudios Contemporáneos de Oriente de la Universidad de la Sorbona, en París.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 1991

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