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Tribuna:

Extorsión

"La cifra de pensiones alimenticias impagadas por parte de los cónyuges separados es escandalosa". Lo ha dicho un juzgado de Madrid, y hace bien en decirlo, porque esta cuestión es gravísima. De una parte, el padre, que se hace el sueco y se queda con la paga íntegra; de otro, la madre con las criaturas, que a lo mejor han de vivir lampando y quién sabe si incluso tienen dificultades para comer.Todo cuanto se diga y cuanto se haga para solucionar este problema será poco, desde luego. Sin embargo, no es el único problema que se produce, con demasiada frecuencia, una vez consumada la separación, y quizá tampoco sea el más grave, si bien se mira. Otros problemas gravitan muy seriamente sobre el padre y sobre los hijos. Hay madres que extorsionan a sus ex maridos con los hijos. Hay madres que niegan a sus ex maridos el derecho a ver a los hijos. Flay madres que manipulan a los hijos para que odien a sus padres. Muchos padres han de acudir al colegio a las horas de recreo, o en vacaciones acechar por las calles y los parques, con la esperanza de poder ver un ratito a sus hijos, en un descuido de la madre. Hay madres que rehacen su vida con otro hombre, cambian de residencia, y entonces el padre ya tiene perdidos a sus hijos (y los hijos a su padre) prácticamente para toda la vida.

Este problema no justifica ni quita el de las pensiones, ni la solución de uno ha de condicionar la del otro, por supuesto. Pero los casos de las madres que extorsionan a los padres con los hijos, que utilizan a éstos como arma arrojadiza, que los manipulan para inculcarles el odio que sienten por el marido, existen, y son muchos. Que nadie se tome la molestia de resolverlos ni apenas se hable de ellos no significa que no sean igualmente escandalosos. Escandalosos y sangrantes. Y esto los jueces lo saben también.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de julio de 1991