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TOUR DE FRANCIA 1991

Echávarri: "El Tour tiene mucho que mejorar"

Virus, bacteria o exceso vitamínico, el misterioso mal que motivó el abandono del PDM convirtió el pelotón en un zoco sembrado de rumores. La noticia actuó como válvula de escape para cierto malestar de los directores deportivos, alguno de los cuales criticó aspectos de la organización, como el alojamiento y las comidas. José Miguel Echávarri, del equipo Banesto, fue uno de los más claros: "El Tour es una gran carrera, pero tiene mucho que mejorar".

Hubo versiones para todos los gustos. Unos hablaban de un virus extraño que alcanzó a los ciclistas del PDM por los conductos del aire acondicionado del hotel que ocuparon. Otros, que todo fue debido a una intoxicación alimenticia y que, por lo tanto, la culpa de la extraña epidemia fue una bacteria. Tal vez por ello, las quejas se centraron en dos cuestiones: el alojamiento de los corredores y los alimentos que ingieren, responsabilidades ambas de la Sociedad Tour de Francia, que es la que diseña los menús y escoge los hoteles."No quiero decir que la organización sea mala. Ni muchísimo menos. Simplemente, considero que hay aspectos que no son acordes con la importancia de la prueba. El ciclismo es un gran argumento para promocionar cosas, pero a veces los protagonistas de esto, que no son otros que los corredores, se dejan de lado. En el tema del alojamiento y las comidas suele pasar muy a menudo", comentó Echávarri. El responsable técnico de Banesto confeso que en la reunión que mantuvieron el domingo los directores deportivos del Tour pudieron oírse quejas sobre ambos aspectos.

Un recorrido por los establecimientos que ocupan los corredores y los menús allí servidos confirma que, efectivamente, en ocasiones hay motivos para la queja. El hotel asignado al equipo ONCE en Valennciennes, por ejemplo, llamó particularmente la atención por contar con mostrador de recepción, centralita telefónica incluida, a un metro escaso y sin separación alguna de una enorme parrilla utilizada por varios cocineros sudorosos. En la misma sala, impregnada por el humo de diversas frituras, pudo verse cenar, además de los corredores del ONCE, a los colombianos del Ryalcao Postobón. En las mesas, una considerable ración de mayonesa aguardó durante un buen rato a los comensales. Javier Mínguez, director deportivo del Seguros Amaya, comentó un día en una informal reunión con periodistas españoles: "Anoche le pegué un bocado al pescado y lo tuve que escupir".

Estar atentos

"No se trata de hacer crítica fácil, pero sí es cierto que dependemos de otras personas en cuestiones importantes como la comida. En la Vuelta a España, por ejemplo, nosotros escogemos los hoteles y las comidas, pero aquí es la organización la que dicta en ese sentido. Pocas alternativas hay, salvo pedir con antelación un cambio de menús. Nosotros, lo más que podemos hacer es controlar lo que comemos y estar atentos. Lo normal es que no pase nada, pero siempre . existe riesgo", añadió Echávarri.

Manuel Sáiz, director deportivo del ONCE, comentó: "Comida no nos falta, aunque es cierto que el menú no se corresponde en ocasiones con lo que un ciclista necesita para reponer su organismo. Los hoteles tampoco son los deseables algunos días, pero también es indiscutible que es dificil ubicar a tanta gente con el máximo de comodidades durante veintitantas noches". Sáiz confirmó la existencia de quejas en la reunión de directores deportivos. "Sí, las hubo. Alguno, por ejemplo, opinó que no era positivo para los corredores estar en hoteles donde también residen turistas, miembros de la caravana o periodistas".

Juan Fernández, del Clas Cajastur, también ofreció un talante más conciliador que el de Echávarri: "Mis hombres no se han quejado todavía. Tal vez hemos tenido mucha suerte con los hoteles y la comida. En mi opinión, siempre hay un día que la comida no te parece correcta y el hotel tampoco, pero si tenemos que ocupar 22 hoteles, no podemos pedir que todos sean de cinco estrellas".

Un solo antecedente

El revuelo causado por el abandono del equipo PDM en su integridad estuvo justificado. Es preciso remontarse a 1962 para encontrar una epidemia tan extendida. La víctima fue el equipo Wiels-Groene-Leeuw y la causa una infección atribuida a la ingestión de pescado en mal estado. La citada formación tuvo que abandonar la carrera cuando ésta atravesaba los Pirineos. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, sólo cuatro equipos se han visto condenados a alcanzar París sin un solo hombre encima de la bicicleta por culpa de lesiones o enfermedades: Ouest (1948), Watneys-Maes (1973), Magniflex-Famcucine (1979) y Kelme (1989). En 1989, Greg Lemond consiguió la victoria con el equipo ADR con sólo tres compañeros de equipo en activo a lo largo de la última semana: Planckaert, Museeuw y Lammerts.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de julio de 1991

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