El cajón de las minusvalías
Cuando las posiciones a corto plazo se saldan con pérdidas, se dejan en el cajón y al mismo tiempo se rebautizan como inversiones a largo plazo. Este es un principio cómodo, aplicable en multitud de ocasiones, a partir del cual se mueven la mayoría de inversores cuando las cosas se desvían de la senda marcada por los indicadores y los pronósticos positivos.Tanto el sediento de información, rodeado de gráficos y noticias, como el alquimista que debe tocar físicamente las pruebas para creer en un cambio de tendencia, corren ahora el mismo peligro. El mercado afloja por razones al margen del rendimiento de las sociedades y de las curvas de volúmenes y precios, aunque el origen de esta debilidad se adivina con claridad desde cualquier mirador. Las declaraciones de renta recortan las euforias y el mercado sigue en una senda de clara firmeza pero sin aventurismos. Nadie está dispuesto a apostar claramente por los valores con mayor futuro si se trata de hacer caso de los cambio de mano de grandes paquetes en sociedades que todavía están baratas; y es que a la hora de declarar ganancias el bolsista se acuerda del milagro de las minusvalías o de lo confortable que viaja su dinero en un fondo de inversión colectiva.


























































