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La selección de Suárez fue ridiculizada por la húngara

La selección española hizo el ridículo ante Hungría. Los jugadores de Suárez se vieron claramente superados en un partido que, por su desarrollo, pareció programado muy a destiempo. La derrota (2-4) fue clara y contundente, demostrándose que el nivel de fútbol moderno y conjunto le poseían los magiares en lugar de los hombres de Suárez, quienes acusaron en demasía el cambio de alineación casi total de la primera a la segunda parte. Incluso dieron la sensación de tomarse la cita con demasiada parsimonia y no arriesgar quizá pensando en los próximos compromisos de sus clubes.Suárez ensayó durante la primera parte con un esquema muy similar al utilizado frente a Albania y compaginado con el del Barcelona, no en vano de 11 titulares, siete pertenecen al club del Camp Nou. La experiencia no pudo convencer a Suárez ni en la primera ni en la segunda fase.

El centro del campo se mostró estático en posiciones y movilidad con el balón. Eusebio, Amor, Bakero y Beguiristáin fabricaron bastante menos fútbol que los centrocampistas de Kalmar, en tanto que Manolo, Carlos y Goikoetxea padecían la carencia de centros, lo que se traducía en mínimas oportunidades de gol.

Inspiración

La victoria a los puntos debió ser, al menos en la primera mitad, para Hungría. Esta selección tuvo en Bognar y Lorincz a los más inspirados creadores en tanto que Kovacs y Kiprich justi icaron la fama que les precedió en su visita a Santander.

Los húngaros movieron la bola con más soltura e imaginación y desbordaron con facilidad la zaga española, sin precisar en ocasiones de la penetración por las bandas. La experiencia de Santander, sirvió, sobre todo, para aprender que un bloque ha de moverse más y mejor, funcionar en equipo y buscar el trabajo en bloque y el "fuerzo continuado, amén de hacer valer la calidad técnica. La rapidez, técnica, colocación y movilidad estuvo siempre en las botas de Hungría, que dio todo un baño futbolístico a España en una experiencia de la que Suárez tendrá que sacar muchas más lecciones de las que quizá él mismo se esperaba.

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