Keynes y el misterio de la Esfinge
En la decisión de comprar o vender acciones inciden ahora los misterios de la tradición mileriaria, más que la ortodoxa incertidumbre keynesiana. En un ensayo general de moderno enigma de la Esfinge, aparecería. el rais iraquí, como una especie de encarnación de un mítico rey de Babilonia, exigiendo a su pueblo el sacrificio de la sangre. Una liturgia más persa que árabe sobre la que Sadam se ha extendido, con el símbolo de la inevitable comunión futura entre Irán e Irak, en la retransmisión televisiva de Peter Arnett. Los bolsistas, más pendientes de las cadenas internacionales que de los monitores de Reuter, van desgranando sus análisis a partir de las limitaciones que expresan los mercados, mucho más que desde la oportunidad o el nivel de bondad de los balances de las sociedades exploradas. Curiosa paradoja cuando es el momento del análisis fundamental, puesto que precisamente en una coyuntura definida por la deflación de precios -basta con ver la caída del per medio en los mercados españoles desde agosto-, la inversión institucional se refugiará en los valores mejor soportados por sus balances. Por el contrario, los gráficos de mercado, elaborados sobre índices, volúmenes y medias de precios, resultan apenas significativos.


























































