Votar en blanco
Supongo que una razón poderosa para escribir a esta sección sea el derecho al pataleo. Verán ustedes: años atrás, cuando, para ayudar a pagamos los estudios, veraneábamos en Suiza (trabajos en trenes, turnos nocturnos en fábricas, etcétera), nos enfrentábamos, irremediablemente, con el paso de frontera. El azar hizo que dos veces tuviéramos que viajar sin el contrato en las manos.Allí, frente a los guardias fronterizos, se establecía una cudosa relación. Nosotros explicáblamos como podíamos, que nuestra situación era legal, porque no éramos culpables del retraso de los contratos, que, por favor, llamaran a la empresa para comprobarlo, etcétera. Pero nada. Se dio el caso, una de las veces, de que tres logramos pasar, dos no. Los que pasamos acudimos corriendo a la fábrica, que, por medio de la policía local, llegaron a llamar por los altavoces del aeropuerto, en Zúrich, a los dos compañeros. La policía de fronteras, cerrando los oídos, los metió en el primer avión. Otra, ésta por carretera, nos pararon sin más motivo que nuestra matrícula, y nos registraron cumpliendo hasta la letra pequeña del manual de registros.
En estos avatares, uno pensaba en la carencia absoluta de esas gentes para comprender las circunstancias, y en otras cosas más.... y añoraba su hermoso país, donde, con la misma lengua, uno podía hablar con estos guardias -que, al fin y al cabo, son como uno- de esto y de lo de más allá. Pero hete aquí que leo la prensa y caigo en la cuenta de cuán irreales eran mis añoranzas; que lo que sentía yo en la frontera suiza lo sienten, en las de mi país, filipinos, colombianos, marroquíes, senegaleses, etcétera. Y me pregunto: ¿no habrá otra forma de aplicar la ley de Extranjería? No, supongo que no.
En fin, si alguien se preguntase por qué algunos ciudadanos votamos en blanco, ¿se lo imaginarán?- Francisco José del Ojo Carrera.
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