La sangría de las elecciones
El dinamismo político del país, expresado en el número de veces en que los ciudadanos son llamados a las urnas, tiene un elevado coste económico. Y el resultado es que los principales partidos deben cada vez más (dinero a los bancos, porque gastan por encima de sus posibilidades debido, fundamentalmente, a que hay muchas convocatorias electorales y la gran mayoría de ellas se realizan por separado.Nada indica que esta situación vaya a corregirse a corto o medio plazo, aunque con los últimos escándalos relacionados con la financiación de los partidos políticos han comenzado a levantarse voces que abogan por una concentración de la consultas electorales o la limitación de los gastos en cada una de ellas. Durante el período de vigencia de la ley de financiación se han producido siete convocatorias a las urnas; este año hay previstas dos más (Andalucía y País Vasco) y el año próximo habrán de celebrarse otras dos (municipales y autonómicas).
El resultado de todo ese esfuerzo es un juego muy peligroso. El Partido Popular reconoce un endeudamiento de 1.600 millones de pesetas, generado sólo durante el año 1989, a lo cual hay que añadir su deuda histórica.
El CDS también debe por lo menos 2.000 millones de pesetas, y el PSOE supera los 8.000. A este ritmo, la tentación de recurrir a operaciones subterráneas puede ser cada vez mayor.


























































