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GENTE

Adolfo Marsillach

De nuevo en un escenario de Madrid

Adolfo Marsillach, director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), estrenó ayer en Madrid su último montaje, El vergonzoso en palacio, de Tirso de Molina, obra con la que se inicia la temporada oficial de la Compañía de Teatro Clásico en su sede del teatro de la Comedia. Marsillach espera que se vean de una forma diferenciada sus dos funciones: la de director de la obra y la de su puesto en el Ministerio de Cultura. "Este trabajo mío es anterior a mi nombramiento como director del INAEM", dijo ayer a este periódico Marsillach, pocas horas antes del estreno. "Ya se ha presentado en Almagro y en Sevilla y no tiene por qué implicar en nada a mi actual labor". "Son dos trabajos absolutamente diferenciados y no sería deseable, e incluso sería confuso que se mezclara una cosa con la otra".Marsillach dijo, a preguntas de este periódico, estar mucho más preocupado con el estreno de la obra de Tirso que con la rebelión de los músicos de la Orquesta Nacional de España (ONE) que han rechazado a Cristóbal Halffter corno director artístico, nombramiento que propuso él. "Con mi máximo respeto para los miembros de la orquesta, a mí, en mis apetencias culturales, me interesa más Tirso. No es una cosa personal. De una forma objetiva, dentro de la cultura de un país son más importantes los clásicos. Por una razón muy sencilla, los clásicos son imperecederos y la Orquesta Nacional no lo sé". Sabe que el montaje de la obra va a levantar polémica, pero no le importa. "No es la primera vez. Lo importante es estar de acuerdo con uno mismo y yo lo estoy. Me gusta la obra de Tirso, la versión de Francisco Ayala y el montaje que hemos hecho", dice con gran seguridad. Director del INAEM desde el pasado mes de julio, decisión que se hizo pública mientras se encontraba en Almagro participando en el festival de teatro como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y en el que presentó precisamente la obra que hoy estrena en Madrid, Marsillach ha tenido que compatibilizar en esta ocasión su trabajo en el teatro con su puesto en el Ministerio de Cultura. Y lo ha hecho a costa de alargar su horario. "He dedicado el mismo tiempo a la obra que a montajes anteriores. No ha habido dejación en la dirección de escena; incluso en los últimos ensayos he modificado algunos aspectos". Sobre su forma de ver su obra como director del INAEM, Marsillach asegura que él no está en el cargo "para criticar a su compañeros o a mí mismo".

Este hombre imparable, de 61 años, fiel a sus amigos, coqueto y de una enorme timidez que esconde bajo una capa de descaro, que es actor, director, autor dramático, a la hora de elegir se queda sin ninguna duda con la escritura. "Aspiro a ser escritor. En mi trabajo hay siempre una parte narrativa y creo que en la dirección del INAEM también he encontrado una zona narrativa".

A pesar de que a partir de hoy pueda ver de nuevo sobre el escenario su último trabajo, Adolfo Marsillach reconoce que de su vida anterior, antes de hacerse cargo del INAEM, echa de menos eso: los escenarios. Sin embargo, de momento no se le ve muy angustiado. Parece que ha encontrado sustituto. "En un despacho también se representa", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de noviembre de 1989