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Apretado triunfo del Madrid en Zaragoza

Juego hosco, defensas fortísimas, casi violentas, resultado italiano, aplicación de lecciones aprendidas en el catón del baloncesto ... Esto, y poco más, define el primer partido de la temporada. Lo ganó el Real Madrid por la estricta interpretación del número y su ciencia, por el levísimo mejor porcentaje de aciertos en los lanzamientos a canasta: 42 del CA1 por 45 del Real Madrid en tiros de dos puntos; los porcentajes de libres y triples, idénticos.El partido empezó a tener matiz visitante cuando George Karl consecutivas, perfectas e idénticas, con 13 puntos anotados, proporcionaron al Real Madrid la primera ventaja sólida en los minutos previos al descanso: Anderson había sentado cátedra. Entre tanto, en el Zaragoza, Alexander Belostenny cumplía con lo que de él se esperaba, coger rebotes y taponar a los contrarios. Mark Davis, el otro extranjero, era pertinaz en el error y exasperaba a los espectadores que pedían su salida del campo con vehemencia.

El Zaragoza cumplió también con la teoría de recuperarse en la pista y, por ende, en el marcador. Rebasado el punto medio de la segunda parte hubo empate, a 59 puntos, y en la única diana desde 6,25 Davisa delantó a su equipo. Efímero. Karl recuperó a Mike Anderson y en la primera entrada al aro del norteamericano dio un balón espléndido a Fernando Martín, quien hizo canasta. Segunda jugada individual de este base y anotó los dos tiros libres derivados de la falta que le hizo Arcega. Los postreros siete minutos aseguraron emoción. Los errores los locales en la ofensiva les alejaron del triunfo. Los zaragozanos buscaron a Davis, pero Davis pareció ocultarse entre la tupida defensa madridista. Además Karl sacó a Romay y Antonio Martín para afianzar al equipo.

La habilidad de Moncho Monsalve y George Karl para mover a sus jugadores produjo un final con los cincos iniciales, sin eliminados. El Madrid mantuvo entre dos y cinco puntos de ventaja, porque siguió fallando la ofensiva local en los momentos críticos. Aunque aún tuvo el CAI una última oportunidad, en el último segundo. Pero Romay y los hermanos Martín impidieron que Belostenny aprovechara un pase alto de José Ángel Arcega. Arreglaron el fallo en un tiro inoportuno anterior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de septiembre de 1989