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Palonia Pedrero

La militancia femenina en el teatro

Paloma Pedrero, madrileña, de 31 años, es una de las pocas mujeres dramaturgas. Su última obra, Premio Tirso de Molina de 1987, Invierno de luna alegre, ha sido estrenada hace unos días en el teatro Maravillas, de Madrid. Comenzó a escribir hace seis años, aunque su pasión por el teatro es muy anterior. Durante unos años, compartió sus estudios de sociología con los de arte dramático. Al final, pudo más su inclinación por el teatro.

"Aprendí a escribir en el escenario. Cuando me puse a ello, me di cuenta que me resultaba relativamente fácil, pues conocía las técnicas del actor. He sido autora, directora y actriz, todo en uno, y lo que sé de cada tarea es fundamental", opina.Su iniciación al teatro la calcula cuando tenía cuatro años, en las funciones de fin de curso en el colegio. A los 15, los chavales del colegio del Pilar la llamaron para ocupar el papel femenino en una pieza de Luis Matilla titulada Post mortem. "Yo no tenía nombre; el personaje era simplemente la muchacha", recuerda. Por entonces empezó a escribir poesía y relatos. Tres años más tarde, comenzó a trabajar en un hospital madrileño. Esta circunstancia, que le daba independencia económica, originó que su familia no se lo tomara a mal cuando decídió dedicarse al teatro.

En 1978 fundó en Moratalaz el grupo Cachivache, que le supuso su primera experiencia seria corrio actriz. Representaban obras Infantiles a la vez qué organízaban cursos de formación. Hasta los 26 años compartió su trabajo en el hospital con los estudios y el teatro. "Entonces, el Ministerio de Cultura me dio una beca y decidí dedicarme por entero al teatro". A partir de ahí ha escrito seis obras, ha estrenado cuatro y ha publicado otras tantas. Los libretos han sido traducidos al francés, inglés, alemán y portugués.

Paloma está separada del dramaturgo Fermín Cabal, uno de sus maestros, junto con Alberto Wainer. Durante su estancia en el teatro independiente, también se encargó de la dramaturgia. "Una vez no encontré el texto idóneo y decidí escribir el mío". Su primera obra estrenada fue La llamada 'de Lauren, que presentó en 1985 en el Centro Cultural de la Villa de Madrid. Un año después estrenó El calor de agosto.

Paloma afirma que cree en la vanguardia, "pero no en los falsos experimentos". "El contar historias desde una perspectiva de mujer le choca a muchos. A algunos críticos mis obras les parecían inverosímiles. Hay pocas autoras dramáticas, pero también pocos autores en general. La mujer tiene una capacidad especial para escribir teatro", dictamina.

"Vivimos aún en una sociedad machista donde el poder lo, tienen los señores, y, en el teatro, señores más bien mayorcitos. Cuando tengo que ir a verlos, me debo disfrazar de señora seria. Son prejuicios", añade. Paloma pertenece a una asociación privada de mujeres dramaturgas. "Pienso que hombre y mujer deben mezclarse en este tipo de asociaciones, pero a veces hay que mantener actitudes militantes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de febrero de 1989