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El Ferrol 92

Ocurra lo que ocurra en el 92, será menos divertido que las trifulcas que ahora mismo provoca la fecha. Por lo pronto, es la primera vez que nuestros intelectuales polemizan de algo relacionado con el futuro. No olvidemos que las batallas culturales de aquí no sólo trataban del pasado, además intentaban influir sobre él. Los follones entre los orígenes de Sánchez Albornoz y Américo Castro, las historias de Gumersindo Azcárate y Menéndez y Pelayo, las versiones quijotescas de Unamuno y Ortega, el alma patria de Madariaga y Marañón. Todo aquel doliente género que zanjó Caro Baroja con su demoledora teoría de la interpretación cochambrosa de la historia de España. Gracias al 92, ya digo, las actuales polémicas literatas trafican con el futuro. O al menos, con asuntos que aún no ocurrieron. Cierto que el debate sobre el V Centenario del 92 suena muy parecido a los duelos del 98, a la castiza manía de reescribir el pasado cochambroso, o de arrasarlo, como propone el progresivamente cabreado Sánchez Ferlosio. Pero es muy distinto. Lo novedoso no es el recitado de las tropelías cometidas, sino el neopatriótico pavor por las próximas tropelías conmemorativas. O sea, por fin, un cierto interés por el futuro. Y además, mucho jaleo durante el presente.Definitivamente, adoro el 92. Está muy bien eso de que el futuro genere tensión por el truco de resucitar las tensiones del pasado. Ahora se trata de mantener vivo el morbo cronológico para alimentar tanta pasión polémica. Y hay que reconocer que la zanahoria del 92 está muy bien escogida. Es una fecha para todo. No es posible año más rico en materia prima discutidora, y de excelente calidad. Lo de Colón y la conquista, la Olimpiada, la Expo, la unidad europea, la capitalidad cultural, eso de los satélites, qué sé yo. Luego, cuando estemos allí, todo será muy aburrido, o decepcionante. Pero mientras llega el futuro nos divertiremos mucho discutiéndolo. Si resulta que el 92, y por si fuera poco, o para más inri, también es el centenario del nacimiento de Franco.

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