Una gran tarea
Mijail Gorbachov quiere hacer del Partido Comunista de la Unión Soviética el instrumento más adecuado para gobernar. Este es, sin duda, el propósito de la conferencia del partido que se inauguró el martes pasado en Moscú. Su nueva propuesta, sin embargo, es fortalecer la parte gubernamental de la maquinaria política, al diferenciarla del partido. Este plan es sólo un bosquejo, y el saber cómo funcionaría en realidad, si alguna de sus versiones se llevara a cabo, es una pura especulación. El aviso es claro: la reforma política (que significa mantener al partido en el poder, pero en un ambiente más competitivo) es la clave para la transformación general que Gorbachov tiene en mente. La cuestión es saber cómo el partido podría sobrevivir a la intervención que quiere realizar en él, o, más precisamente, que Gorbachov le pide que se haga a sí mismo.Es una gran tarea, del tamaño de la Unión Soviética, la que Gorbachov ha aceptado al tratar de reformar un sistema supuestamente impenetrable, o al menos ferozmente resistente al cambio. Es un político astuto, y lo ha demostrado con su éxito al tomar el poder y al lanzar sus iniciativas. La astucia en política, sin embargo, no es la palanca en la que está apoyando al sistema soviético.
Las expectativas de los soviéticos son modestas. Los incrédulos tienen poderosos argumentos. Así, por ejemplo, la glasnost ayudó a hacer estallar las chispas del nacionalismo étnico en el Cáucaso.
30 de junio


























































