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Las eléctricas se están financiando con créditos obtenidos en 1986 y operaciones a corto plazo

Las compañías eléctricas han logrado hacer frente a sus necesidades de financiación en los primeros meses de este año gracias a la disposición de parte de los créditos que tenían contratados con anterioridad, y que no habían utilizado hasta ahora, y por un fuerte uso de las líneas a corto plazo que tenían comprometidas con los bancos accionistas o tesoreros. En las últimas semanas, algunas sociedades eléctricas están vendiendo la deuda que tienen como acreedores con Redesa para hacer frente a problemas de liquidez. En algunos bancos se teme que se instrumente un coeficiente obligatorio.

La crisis de FECSA ha afectado de forma clara al resto de las sociedades eléctricas, que en estos meses han tenido que instrumentar nuevas fórmulas para conseguir la financiación necesaria para poder seguir funcionando.Para el conjunto del año, las eléctricas necesitan 570.000 millones de pesetas, de los que 110.000 millones corresponden a dinero realmente nuevo y el resto son necesidades de recursos para hacer frente a los vencimientos de operaciones anteriores.

Los problemas derivados de la crisis de FECSA forzaron al resto de las sociedades eléctricas, agrupagas en la organización Unesa, a utilizar la parte de los créditos ya firmados y no dispuestos y a forzar al máximo las líneas que tienen concertadas con algunos bancos a corto plazo.

Según fuentes del sector financiero, estas líneas han sobrepasado con creces el corto plazo para convertirse casi en permanentes, lo que ha empezado a preocupar a las entidades prestadoras que temen no poder reducir su nivel de riesgo con las eléctricas.

Este aumento de la financiacíón de las compañías eléctricas explica, al menos en una parte importante, los fuertes crecimientos de la inversión bancaria de los grandes grupos financieros nacionales, que han provocado problemas de control monetario.

El consejero delegado de uno de los siete grandes bancos nacionales señalaba que aproximadamente un 25% del aumento de la inversión bancaria se debe a la utilización de las líneas disponibles, y que otro 25% corresponde a nueva inversión real.

Mantener líneas

En estos porcentajes es donde se puede incluir la mayor parte de la financiación que las compañías eléctricas han conseguido hasta este momento y que no parece que puedan seguir siendo utilizadas.Pero estas líneas se han agotado prácticamente y los responsables financieros de las eléctricas han iniciado otros movimientos.

Algunas compañías, como Sevillana y Unión-Fenosa, han logrado acuerdos, más o menos favorables, para salir al exterior en busca de nuevos créditos.

Otras compañías están vendiendo una parte de sus activos financieros para conseguir liquidez a la espera de que se clarifique algo más la situación de FECSA y, por tanto, de todo el sector.

Cuando el Gobierno procedió a la nacionalización de la red de alta tensión hace dos años, adquirió los activos contra la emisión, por parte de Redesa, de deuda a 17 años de amortización por valor de unos 70.000 millones de pesetas y a un tipo de interés variable, por debajo del precio del dinero en el mercado interbancario de Madrid (mibor). La deuda actual de Redesa se calcula en cerca de los 60.000 millones de pesetas.

Algunas compañías eléctricas han llegado a acuerdos con determinadas entidades financieras por los que aquéllas ceden la deuda de Redesa con un descuento, que representa que los bancos recibirán como retribución real el mibor más un diferencial de 0,20 puntos. A simple vista, es un mal negocio para las eléctricas, pero el coste alternativo de su financiación es bastante superior a lo que les cuesta la cesión de la deuda de Redesa.

Nuevo coeficiente

Para los bancos adquirentes es un buen negocio porque esta emisión goza de la garantía del Estado, lo que les supone el mínimo riesgo y, además, consiguen una rentabilidad suficiente para operaciones casadas con recursos tomados en el interbancario.En medios bancarios se señala que, en todo caso, estas fórmulas no solucionan el problema y que si no hay financiación voluntaria, el Estado no tendrá más remedio que introducir un nuevo coeficiente para financiación eléctrica, porque no se puede dejar al sector sin recursos.

Los casi 300.000 millones de pesetas que las eléctricas tienen que encontrar en los meses que quedan de este ejercicio para cuadrar sus estados financieros tienen que acabar saliendo de alguna parte, aunque sea de forma obligatoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de mayo de 1987

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