Agua bendita en Hollywood
Hay mucho jugo en La canción de Bernadette. Es decir, que se trata de una historia que da o podría dar de sí mucha materia especulativa y enormes posibilidades discursivas sobre el ser humano, sobre el alma humana y sobre los milagros. Vamos, que le endilgan, en su día este guión a Dreyer y nos saca una obra maestra.Pero, qué le vamos a hacer, se lo dieron a Henry King y éste sólo supo solucionar los valores plásticos y en el fondo convencionales de todo producto hollywoodiense que pasa por la máquina artesanal sin capacidad alguna de romper moldes.
King, eso hay que reconocerlo, tomó la operación con enorme entusiasmo. Con enorme convicción. El viento sopla feroz en la primera aparición de la Virgen ante Bernardette en una gruta de Lourdes y un cierto acento celestial impregna la pantalla.
Es un buen momento de cine que luego, cuando por imperativos del código hay que melodramatizarlo todo y santificarlo deprisa, mengua su fuerza. Ya sin magia, perdura el clasicismo narrativo, la buena interpretación de Jennifer Jones (premiada con un oscar) y de los secundarios Vincent Price, Charles Biokford, Gladys Cooper y Lee J. Cobb.
Exactitud y sustancia
Del todo lineal y exenta completamente de dimensiones ascéticas y circunvalaciones espirituales, La canción de Bernadette es, con todo, un espléndido ejemplo de la exactitud cinematográfica ,con que estos tan populares dramas se enlataban en la época dorada de la pantalla americana. Tiene, pues, una sustancia que jamás sienta mal al paladar sensible.
La canción de Bernadette se emite hoy por TVE-1 a las 22.20.


























































