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Crítica:

¡Aventuras, maestro!

Ahora que ya todos hemos visto -al menos, eso es lo que habría que hacer: verla- El pirata, de Polanski, volvamos por el túnel del tiempo a su origen a esas películas celestiales de galeones y filibusteros a los que explícitamente rendía homenaje el cosmopolita cineasta.

El pirata Barbanegra, que se emite hoy en el más fresco de los espacios cinematográficos televisivos, es un filme encantador del género, en la estela de los grandes, de El capitán Blood, de El temible burlón, o de todos aquellos títulos de aventuras marítimas dirigidos por el maestro Raoul Walsh, con El mundo en sus manos en cabeza y, detrás, El hidalgo de los mares, Gavilanes del estrecho y ésta hoy programada, acaso no la mejor pero sin duda merecedora de figurar en las antologías y, dato muy a tener en cuenta cara a nuestra recepción, que no ha sido vista por estos pagos en muchos, muchísimos años.

Hay en la película El pirata Barbanegra, como en todo el cine de Walsh, o en casi toda su filmografía, un instinto vital que conecta con el espectador dispuesto sin preámbulos ni alharacas narrativas, un speech directo que, como en los grandes maestros de la pintura, nace al estrellarse el pincel con el lienzo, la cámara con sus aires limpios y sus mares grises.

Un instinto vital, en fin, que es puro cine y que cuando se hermana con las escenas de acción, resueltas con una sencillez casi milagrosa, provoca la vibración del aficionado (hay que serlo: incompatible Walsh con, por ejemplo, Días rebeldes).

A destacar, también, la interpretación crispada (ahí volveríamos al Walter Matthau de Piratas) de su principal intérprete, Robert Newton, andrajoso y barbudo clown de los mares. Una gozada para espíritus dinámicos y entendidos en poesía (poesía, sí: ¿habrá que recordar las ensalzadas reivindicaciones que Walsh produjo en la revista Film Ideal de los años sesenta con gente como Pere Gimferrer en cabeza?).

Tercer Reich

Cambio de tercio: el Tercer Reich y uno de sus realizadores punteros, Veit Harlan, estarán esta madrugada en pantalla con una película alemana pasablemente desconocida entre nosotros, El lago de mis ensueños.

Una producción UFA de 1943 que, parece ser en tono romántico encendido, nos relata el reencuentro de una pareja años después de haber vivido un intenso amor y la reflexión que ese pasado suscita ahora en ellos: Rinhardt, un compositor consagrado que vive enteramente dedicado a su trabajo, y Elizabeth, viuda que intenta proseguir la labor emprendida por su marido.

En un espacio como Filmoteca TV películas sintomáticas como ésta tienen toda la razón de ser, aunque sólo fuera la del interés histórico.

El pirata Barbanegra se emite hoy a las 16.05 por TVE-1. El lago de mis ensueños se emite hoy a las 23.50 por TVE2.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de enero de 1987

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