Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Mari Paz Corominas

La nadadora catalana es la única española participante en una final olímpica

Mari Paz Corominas ha sido la mejor nadadora que ha tenido España en la historia de este deporte. En los Juegos Olímpicos de México, en 1968, consiguió clasificarse para la final de 200 metros espalda. Es la única española que puede presumir de ello. Tenía entonces la séptima mejor marca del mundo en el hectómetro del mismo estilo. Además, la nadadora catalana compitió también en fondo y, al final de su carrera, ostentaba todos los récords de España de modalidad libre -salvo los 100 metros, entonces la prueba de más velocidad- y las dos distancias de estilos.

Mari Paz Corominas coincidió con una generación de nadadores irrepetible -Santiago Esteva, María Ballester, Isabel Castañer, Jaime Monzón, Miguel Torres, Juan Fortuny...- que se caracterizaba por su ilusión y por las pocas ayudas que recibía para practica su deporte. Al igual que Santiago Esteva, Mari Paz ha aprovechado el campeonato del mundo para reencontrarse con las piscinas. Había empezado a nadar con 12 años. Sus dotes para la natación eran impresionantes y sólo tardó un año -tenía 13- en lograr su primer título de campeona de España en espalda. Con 14 llegó a la final del Campeonato de Europa de Utrech, y fue subeampeona continental junior.En los Juegos Olímpicos de México, Mari Paz hizo realidad el sueño de todo deportista: participar en una final olímpica. Era la primera vez que una española lo conseguía, y desde entonces nadie ha vuelto a lograrlo. Partía con la séptima mejor marca en 100 metros espalda; sin embargo, nadó mal la prueba y no pudo meterse entre las ocho mejores. Se tomó la revancha en 200, se coló en la final y fue séptima.

Retirada prematura

En los europeos de Barcelona de 1970 se metió en la final de los 800 metros libres. Era el broche de oro a su carrera, acabada a una edad sorprendentemente temprana: 21 años. "Pese a ello nadie me pidió que continuase", comenta. "Eso fue una cosa cuando menos curiosa". Ya no le quedaban ganas de seguir: "Había perdido la ilusión, ya que no recibíamos ningún tipo de ayudas ni de protección".

Antes se había marchado a estudiar a la Universidad de Indiana, en EE UU, donde volvió a en contrarse con su amigo Esteva. Permaneció allí seis meses, y se limitó a nadar y aprender inglés. Desde entonces está enamorada de aquel país. Anteriormente estuvo siempre ligada al Club Natación Sabadell. Su padre tenía una fábrica textil en aquella ciudad. Allí encontró un entrenador excepcional: el holandés Oudgest. Según ella, el mejor que ha habido en España.

Una vez que abandonó la natación lo hizo definitivamente. No estaba en su ánimo dedicarse a la enseñanza, y menos a la enseñanza de un deporte. Más tarde completó sus estudios de Economía, se casó con un médico y tuvo dos hijos: Javi que ahora tiene 9 años, y Clara, de 7. La natación había cerrado una etapa de su vida: "No era un fin en sí misma. Estoy orgullosa de lo que hice, pero nunca pensé que me fuera a servir para algo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de agosto de 1986