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NECROLÓGICAS

Arturo Serrano, empresario teatral

Arturo Serrano, empresario teatral y director del teatro Infanta Isabel, falleció el pasado día 4, a los 79 años de edad.Era uno de los últimos supervivientes de una raza singular que dominó el teatro en el siglo pasado y en parte de este: los empresarios. Hasta en la imagen: orondo, fumador de grandes puros, jovial -la simpatía externa formaba parte del negocio- y obsesivo para los gastos. Hay que reconocer a estos empresarios de pequeña contabilidad una cierta grandeza: su dinero, invertido en cualquier otra empresa, hubiera tenido siempre menos riesgos y más rendimientos. Y sus locales, traspasados, vendidos o explotados de otra forma, hubieran sido fortunas. Pero amaban el teatro.

Como otros, Arturo Serrano fue empresario por herencia. Fue su padre el que construyó el Infanta Isabel sobre el barracón del Petit Palais -género infimo-, le hizo llamar- La Barquillera -cuando al Lara le llamaban La Bombonera- y comenzó a darle un estilo, que entonces era fundamental; murió muy pronto, en un accidente de automóvil (1925) y el que entonces, y durante mucho tiempo, fue Arturito, casi un niño, se hizo cargo del teatro: lo ha sostenido durante 60 años, ha tenido siempre los autores a la moda, incluso los difíciles y los poco comprendidos -a veces, incluso por él mismo-: Jardiel Poncela, Tono y Mihura... Parte misma de Arturo Serrano fue la compañera de toda su vida, de la casi niñez a la muerte: Isabel Garcés, en sus socarrones papeles de ingenua, para la que escribieron los autores más populares de la época: entonces se hacían obras de encargo, para el público adicto a un teatro y para su compañía estable.

Es toda una época del teatro la que se va. Los empresarios han venido siendo sustituidos por otras figuras económicas -productores, promotores, subvenciones; funcionarios, organizadores de festivales, grupos independientes...- y todo ha cambiado. No es necesaria la nostalgia: el sistema funcionaba bien para la burguesía que era la dueña de su propio teatro, y es una clase que se extingue y deja paso a otra, a una nueva clase. Como otras muchas cosas de otros tiempos, gana al ser contemplada desde la ya distancia, como gana Arturo Serrano, su trabajo, su denodado amor por un tipo de teatro, su pasión por el estreno, su culto al autor, a la hora de despedirle para siempre. Crear un género, un estilo, mantener un mismo local abierto incesantemente, mantener una continuidad, son cosas que de ninguna manera se pueden desdeñar al recordar la historia del teatro español reciente.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de marzo de 1986