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Crítica:

Doug Raney, de tal palo tal astilla

No se sabe por qué las leyes de la herencia favorecen la transmisión del gen musical y la prole de un buen músico suele acreditar como carácter dominante el de la musicalidad. Este tipo de herencia puede ser específica, y de un buen guitarrista generalmente nace otro buen guitarrista. Esta puede ser o no su principal faceta y ser mejor o peor que el progenitor, pero la ley se cumple.Doug Raney -al que se dedica hoy el programa Jazz entre amigos- es un ejemplo de este fenómeno natural que, seguramente, todavía no tiene localización concreta en el mapa genético. Doug es hijo de Jimmy Raney, un maestro de esa rama del bebop que está a mitad de camino entre Lester Young y Charlie Christian, es decir, pegada a la vertiente cool del jazz de los cincuenta.

Jazz entre amigos se emite hoy a las 22

30 en TVE-2.

Doug, nacido en Nueva York en 1957, empezó a tocar la guitarra a los 13 años y se inspiró inicialmente en lo que, en ese momento, era inevitable para cualquier chaval que se sintiera atraído por el instrumento; en el año 1970 la guitarra se llamaba Hendrix Clapton.

La influencia de su padre acercó a Doug al terreno del jazz en el que se adentró de la mano de Barry Galbraight. No mucho más tarde el aprendizaje se consideró superado y formó dúo con su propio padre, con quien grabó su primer elepé, Introducing Doug Raney.

No hay que esperar un futuro más o menos mediato para empezar a recoger música madura de sus manos porque ya en la actualidad la está realizando. Como todos, sin embargo, tiene sus días buenos y sus días malos: cuando nos visitó en las IV Jornadas de Jazz de Madrid, en las pasadas fiestas de San Isidro, no estuvo muy afortunado en su recital. Acompañado por Bernt Rosengren (saxo tenor), Ben Besiakov (piano), Jesper Lungaard (bajo) y Ole-Jacob Hansen (batería) no encontró su sitio con el grupo y fue una actuación distante y aburrida.

Sin embargo, al día siguiente -en uno de esos lugares estratégicos del jazz en Madrid, el Café Central- tocó por sorpresa con mucha más soltura, respirando más de cerca ese ambiente íntimo y desenfadado de los sitios de jazz. Este es el ambiente para hacer jazz entre amigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de diciembre de 1985

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