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Crítica:

Cómicos musicales

Fernando García de la Vega tiene propensión a defender la tesis de que la comedia musical española es todo aquel espectáculo en que se canta y se habla, desde la zarzuela hasta la revista, y esto induce a algún error. Cada género tiene su propiedad, e incluso su época. No es una mera cuestión de preceptiva: es que cada texto y cada partitura tienen, por esas razones, un tratamiento distinto. La comedia musical española, de la que inicia ahora una revisión con 12 títulos -el martes fue el programa de presentación: una antología previa-, tuvo su momento de definición y de culminación en la posguerra. Era, en efecto, una derivación y una transformación de la revista, un fruto de la censura y del ambiente, que obligaba a limar procacidades, equívocos sexuales, exhibiciones de cuerpos femeninos. Un refugio. Fue una mezcla de alta comedia, novela rosa y rnoderada música moderna, que se cristalizó en torno a Celia Gámez y un grupo de intelectuales de la época y músicos modernos -sobre todo, Fernando Moraleda-, que tendió a una cierta cursilería: la de lo posible. Otros autores y otras vedettes trataron de conseguir una conservación mayor del género de la revista, pero con dificultades.García de la Vega, a juzgar por esta antología, ha recogido algunos de los títulos esenciales de esa época, los ha mezclado con otros de tiempos distintos y de objetivos totalmente diferentes -como El sobre verde o Las Leandras- para darles un mismo tratamiento: un arreglo de partituras y una orquestación iguales -con tendencia a marcar el ritmo, según la moda de Luis Cobos-, un manejo del coro y la coreografía, unos escenarios que parecen ilustraciones de publicación y unos vestuarios de restallantes colores actuales, con el problema de que, a veces, colores o dibujos del vestuario se mezclan en la pantalla con los de la escenografía, y los personajes se hacen prácticamente invisibles.

Puede -a juzgar siempre por el programa de presentación- que lo más interesante de esta serie sean -además de los números- las actrices que representan a la vedette y los actores cómicos: entre los aciertos de García de la Vega están los repartos, aunque haya siempre que desprenderse del equívoco entre la revista y la comedia musical para apreciarlos. Los recursos técnicos en los que insiste, sobre todo las transparencias y las maquetas, quedan, desgraciadamente, deslucidos porque en la publicidad intercalada aparecen spots de calidad técnica infinitamente superior.

En este programa introductorio, García de la Vega presentó a cada uno de sus colaboradores y a sus actores. No se pronunció ni por casualidad el nombre de ningún autor: como si el largo espectáculo de 12 semanas hubiera nacido enteramente de ellos mismos, y el vigor no estuviera en los números que han ayudado a reproducir según su propio catecismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de octubre de 1985