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Paulino Uzkudun, el púgil imposible de noquear

Paulino Uzkudun, figura legendaria del boxeo español en los años veinte y los treinta, murió, a causa de un derrame cerebral, a las seis de la tarde de ayer en Torrelaguna (Madrid), en cuyo cementerio será enterrado hoy. Su fallecimiento, a los 86 años, no sorprendió a sus familiares -Uzkudun deja viuda y cuatro hijos-, porque, según una sobrina suya, Jesusa Uzkudun, Ilevaba varios días sin conocer a nadie". Uzkudun, el púgil imposible de noquear -sólo dobló la rodilla una vez, en la decadencia de su carrera, a golpes del estadounidense Joe Louis, consiguió el campeonato europeo de los pesos pesados en dos ocasiones y llegó a disputar el mundial, sin éxito, ante el alemán Max Sehmelling y el italiano Primo Carnera.

Paulino Uzkudun nació en Régil (Guipuzcoa) el 3 de mayo de 1899. Después de haber cortado árboles como jornalero y trabajado en una fábrica de embutidos de San Sebastián, su carácter inquieto y su espíritu aventurero le animaron a viajar a París, en 1923, para hacerse boxeador. En su equipaje no se le olvidó incluir una gran boina vasca que más tarde fue su tarjeta de visita en el mundo de las doce cuerdas.Uzkudun, que conocía en la capital francesa a un médico de Tolosa llamado Luis Goñi, comenzó a aprender a boxear -lo único que poseía entonces era su musculatura forjada a hachazos- en el gimnasio de Anastasie, en el que sólo su tenaz voluntad le permitió resistir sin volver a casa las palizas que le propinaban púgiles ya curtidos.

A los tres meses de su aventura parisiense, Uzkudun dispuso de su primera oportunidad en serio. Un soviético, Turov, no cesó de golpearle durante dos asaltos, pero en el tercero fue cazado en la barbilla por el derechazo demoledor de Uzkudun. Aquella victoria le supuso 200 francos de entonces y el reconocimiento de la Prensa local, que le auguró un gran porvenir como fajador. Su carrera triunfal no había hecho, en efecto, más que empezar.

El título español de los pesos pesados lo consiguió antes de que hubiese transcurrido un año, a costa de Teixidor, y el europeo poco después, en Barcelona, frente al italiano Spalla. Su fama cruzó el océano Atlántico y un empresario argentino le ofreció una pelea en Buenos Aires con Luis Firpo que nunca llegó a realizarse. Uzkudun se fue a boxear a La Habana y de allí pasó directamente a Nueva York.

'El Toro Vasco'

El Toro Vasco, como se le apodó, debutó en el Madison Square Garden frente al danés Knute Hansen, que, según los técnicos, poseía la mejor derecha del momento. Uzkudun, tras una gran exhibición pugilística que terminó con su fama de exclusivamente pegador, venció a los puntos y, al cabo de los diez asaltos, estaba tan fresco que se tumbó sobre la lona e hizo una serie de ejercicios gimnásticos que concluyó con sus consabidos saltos sobre el cuello, en los que era especialista. La ovación final del público rubricó el inicio de su escalada, incontenible a pesar de los golpes bajos que recibió, no sólo en el cuadrilátero, por su peligrosidad y por su negativa constante a nacionalizarse estadounidense.Su mayor bolsa, equivalente entonces a un millón y medio de pesetas, la cobró en 1929, cuando su manager, pensando sólo en esa cifra tan fantástica, le obligó a enfrentarse con el alemán Max Schmeling, que le ganó, sin tiempo de restablecerse de una fractura de codo que había sufrido en un entrenamiento.

En 1930 contendió en Barcelona con el italiano Primo Carnera, más tarde campeón del mundo, y, en su criterio, la parcialidad del árbitro le robó el triunfo. Desengañado porque también en España padeciese injusticias, decidió dedicarse ya simplemente a ganar dinero, sin pensar en otros galardones. Regresó a Estados Unidos y mantuvo en alto su cartel con combates espectaculares, como el que desarrolló con Max Baer, en Reno, a 20 asaltos, hasta que fue envenenado durante una pelea con Schaff.

De vuelta a Europa, recobró en Madrid el título europeo abandonado ante el francés Pierre Charles y plantó cara en Roma al ya campeón mundial Primo Carnera en uno de los mejores combates de su vida, en cuyas vísperas incluso se le ofreció dinero para que no pusiera en peligro la supremacía del gigante protegido por Mussolini. Luego hizo nulo con Schmeling en Barcelona. Precisamente su penúltima subida al ring fue ante Schmeling en Berlín.

La última, en 1935, a sus 36 años, la disputó también en el Madison neoyorquino frente a Joe Louis, de 25. Louis, en su mejor momento, incluso le derribó por la cuenta de siete. Paulino Uzkudun supo comprender entonces que debía arrojar la toalla definitivamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de julio de 1985

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