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La crisis de los rehenes y la televisión norteamericana

Francisco G. Basterra

La cadena de televisión norteamericana American Broadcasting Corporation (ABC) ha sido rebautizada por algunos como Amal Broadcasting Corporation, y uno de sus mejores periodistas, Ted Koppel, en el curso de una entrevista con el ministro de Defensa israelí, Isaac Rabin, tuvo que ser advertido por éste: "Yo no estoy negociando con usted".

La cobertura del secuestro de Beirut, en el que cada una de las tres grandes cadenas se ha gastado un promedio de un millón de dólares a la semana, ha abierto un debate sobre el papel de la televisión y sus posibles excesos en una crisis que afecta a la seguridad nacional. La posibilidad de ejercer algún tipo de censura en el futuro en temas de terrorismo, sugerida por el ex secretario de Estado Henry Kissinger ha sido descartada, sin embargo, como indeseable en una sociedad democrática.Para algunos, las cámaras, con un obsesivo seguimiento de la crisis de Beirut, durante 17 días se convirtieron, indebidamente, en parte de la misma, interviniendo incluso en el proceso negociador con entrevistas con los secuestradores, que han conseguido una valiosísima publicidad gratuita de sus posiciones políticas. Los rehenes utilizaron los medios audiovisuales para pedir al presidente Reagan que no tomara represalias y para manifestar su "comprensión" por los problemas de los shiíes en Líbano. Incluso, ha afirmado el Pentágono, la revelación por las televisiones de que una fuerza de comando estaba preparada para realizar una operación de rescate en las primeras horas del secuestro sirvió para advertir a los secuestradores y "puso en peligro la seguridad nacional". Sin embargo, las televisiones accedieron a la petición del Gobierno de que no informaran que había militares entre los secuestrados.

Para otros observadores, como Geoffrey Kemp, profesor de la universidad de Georgetown, "los medios de comunicación han hecho un servicio pedagógico al pueblo americano, explicándole las complejidades de la situación libanesa". El presidente de ' la NBC, Larry Grossman, se muestra contrario a cualquier eventual censura y explica que "es muy peligroso cubrir a los terroristas. Pero la forma de hacerlo es no suprimir la infor mación, sino realizar una cobertu ra más informada. El único momento en que se produjo una víctima en el secuestro fue cuando no estaban allí las cámaras de televisión".

Estrellas inesperadas

Las familias de los rehenes se han convertido en estrellas inespera das para las cámaras, y aunque no tenían generalmente nada interesante que decir, y muchas de ellas, procedentes de pueblos pequeños, no sabían ni dónde estaba Líbano, han sido utilizadas o, para otros, manipuladas. La NBC ha pagado a varias familias desde el comienzo de la crisis para asegurarse su exclusiva de "interés hurnano", y les facilitaron billetes de primera clase a Europa para que recibieran a los secuestrados en Francfort.La competitividad entre las tres cadenas en la búsqueda de la exclusiva por encima de cualquier otra consideración ha contribuido a crear un ambiente de circo en torno al secuestro, con la retransmisión en directo, por ejemplo, de la cena de despedida ofrecida por Amal a los rehenes en un lujoso ho tel de Beirut. Para el columnista conservador George F. Will, escenas como ésta, con los rehenes compartiendo un banquete con "los asesinos de un soldado americano, son deplorables y contribuyen a la desmoralización de América". Para The Washington Post, "las cadenas de televisión tienen que admitir que después de un comienzo bastante digno dejaron que la cobertura se convirtiera en una imprudente farsa".

Los presentadores de los telediarios de la tarde parecían en algunos momentos negociar posibles soluciones con Nabih Berri, el dirigente de Amal, mientras el Departamento de Estado trataba de mantener secretas las conversaciones cuyos detalles eran ofrecidos en exclusiva por Nabih Berri a Dan Rather o Peter Jennings. El Gobierno se enteró de algunos detalles antes por la televisión que por sus canales diplomáticos. El vicepresidente George Bush supo el domingo que los rehenes habían salido de Beirut gracias a la periodista Lesley Staffi, de la CB S, que se lo dijo mientras le entrevistaba para el programa Face the nation.

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