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Cartas al director

Los otros celibatos de la Iglesia católica

Me solidarizo fraternalmente con los sacerdotes que, ante la negativa vaticana a su petición de secularización, han tenido que casarse civilmente, a pesar de su deseo de pertenecer a la Iglesia y de contraer matrimonio canónico.Hoy, que la sociedad rechaza todo lo que huele a autoritarismo y a imposición, el celibato obligatorio ha dejado de ser signo ante un mundo que no cree en él e incluso lo encuentra inhumano. Sólo el celibato, como opción de libertad, podrá sintonizar con la sociedad contemporánea. Incluso así, dudo de que el hombre y la mujer de mi tiempo entiendan este lenguaje. Creo más bien que entenderían mucho mejor un servicio sacerdotal, célibe o no, entregado a los pobres y a los marginados, en lucha contra las estructuras injustas que van muy bien para enriquecer a unos pocos a expensas de una multitud de víctimas que, desde el silencio y el sufrimiento, tienen la miseria y el hambre como única alternativa. Creo que la sociedad entenderá más un sacerdocio al lado de los que no tienen voz y contrario a los sistemas que los poderosos han inventado para controlar a su arbitrio la libertad de los pueblos y de los individuos.

Por otra parte, quizá sería necesario que la Iglesia, incluso renunciando al celibato sexual obligatorio, se enriqueciera con las joyas de un celibato de dinero, de poder y de tantos casamientos antievangélicos que la tienen atada de manos y pies. Porque la Iglesia no es célibe cuando tiene miedo de vivir en el mundo y de dialogar con las ciencias modernas; cuando vende su libertad por un plato de lentejas; cuando los nubarrones del inmovilismo y de los asuntos económicos turbios oscurecen la luz que tiene que dar; cuando, en vez de ser verdad clara y diáfana, engendra la duda y la desconfianza; cuando se convierte en poder fáctico; cuando las grandes celebraciones vaticanas están llenas de ricos y vacías de pobres; cuando su teocracia hace que el pueblo sencillo y llano confunda a Cristo con sus ministros.

Al fin y al cabo, el amor entre hombre y mujer es natural. Sin embargo, no lo es que la Iglesia no guarde los otros celibatos que pertenecen a la misma raíz del Evangelio y sin los cuales el mensaje cristiano es prostituido.

Sé que es utópico aspirar a un celibato opcional. Pero he hablado con personas de dentro y fuera de la Iglesia, y prefieren unos sacerdotes casados en una Iglesia que guarde los otros celibatos a unos célibes sexualmente, pero en una Iglesia casada con unas estructuras y un tinglado que son la antítesis del Evangelio.-

Párroco de Montroig del Camp, .

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