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Pocas novedades en los Encuentros en torno al Vídeo

Han sido muy pocas las aportaciones de los Encuentros en torno al Vídeo, que se celebran estos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ni el ciclo internacional ,ha ofrecido un conjunto de obras inéditas en España, ni el ciclo de autores españoles visto hasta la fecha ha descubierto nuevos valores, dos objetivos mínimos que deberían figurar entre los propósitos de una muestra de estas características.Uno y otro defecto han sido propiciados no tanto por el equipo directivo de los encuentros -la pintora Paloma Navares y sus colaboradores-, el mismo que el pasado año consiguió organizar un festíval de calidad, cuanto por la falta de decisión de los responsables del área de vídeo del Círculo. Consta entre los errores de éste el frívolo retraso de 12 meses en la ejecución de las becas concedidas a algunos de los autores premiados el pasado año y la tardía decisión de organizar los encuentros cuando sólo faltaban dos meses para su celebración. Las consecuencias de esta improvisación se han pagado en la falta de calidad y en un serio deterioro de imagen.

A ello se suma alguna que otra anécdota lamentable, como la no admisión del proyecto de vídeoinstalación La noria porque requería la presencia de un burro. Sus rebuznos y alivios fisiológicos, amén de otros prejuicios, fueron considerados inconvenientes. El burro tenía que mover un cajón en el que estaría instalado un televisor que reproducía las imágenes de un parto humano. Los movimientos del animal tejían en el suelo una corona fúnebre. Una metáfora sobre la vida y la muerte que a los organizadores les pareció una provocación excesiva y gratuita. El animal que habían elegido sus autores, Javier Codesal y Raúl Rodríguez, pertenece al rancho madrileño La Ponderosa y está, por lo demás, avezado a prestar servicios artísticos y comunicativos en platós de TVE para algunos importantes programas. Los autores realizaron, entre otras obras, una que se exhibió el día de los difuntos de 1983 en un cementerio de Madrid, que consistió en instalar un televisor en un nicho. El televisor transmitía, mientras los familiares visitaban el cementerio, programas de TVE.

Hoy se exhibe vídeo nacional, y el ciclo internacional cierra mañana los encuentros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de junio de 1985