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LA VISITA DEL PRESIDENTE MEXICANO A ESPAÑA

El presidente de México, Miguel de la Madrid, inicia hoy en la capital española una gira europea de negocios

El viaje a Europa del presidente de México, Miguel de la Madrid, es, por encima de todo, un viaje de negocios. Como es lógico, abordará con sus interlocutores cuestiones políticas (Centroamérica, Contadora, desarme), pero el objetivo prioritario es convencer a los industriales europeos de que su país es un buen escenario de inversión y, de paso, buscar nuevos mercados para sus exportaciones no petroleras. De la Madrid llegó ayer a Sevilla, en escala de descanso, y hoy iniciará una visita oficial a España de seis días de duración. Posteriormente, el presidente mexicano viajará al Reino Unido, Bélgica, Alemania Occidental y Francia.

México confía en el capital extranjero como motor del desarrollo. Para ello ha flexibilizado la ley con no pocas protestas de la izquierda, permitiendo la instalación de sociedades sin socios mexicanos. Entre las condiciones habituales suele figurar la transferencia de tecnología y una reinversión parcial de las utilidades. El país necesita exportar para obtener divisas con las que hacer frente a su deuda externa y la industria nacional es escasamente competitiva.Esta apertura al exterior ha encontrado hasta ahora su mejor respuesta en Estados Unidos. De las 100 empresas extranjeras más importantes que funcionan en México, 60 son de capital norteamericano y 10 de los 16 grandes proyectos aprobados en 1983 corresponden también a firmas estadounidenses. En el terreno comercial el vecino del Norte capta más de la mitad. En un país con marcado acento nacionalista, diversificar las relaciones se ha convertido en un objeto estratégico.

Balanza desfavorable

Por lo que respecta a España, donde discurrirán seis de los 15 días del viaje presidencial a Europa, no es fácil que el equipo de Miguel de la Madrid pueda convencer a los responsables del comercio exterior de que compren más a Méx co. Después de la crisis económica de 1982 la balanza comercial es desfavorable a España en una proporción de nueve a uno.

Las exportaciones españolas que en el año 1981 alcanzaron una cota superior a los 550 millones de dólares, se redujeron en 1984 a sólo 180 millones. Las compras a México se mantienen entre tanto por encima de los 1.600 millones, principalmente por la factura del petróleo, que se ha reducido en proporciones menores a las del ahorro energético.

El secretario mexicano de Comercio, Héctor Hernández, habrá de escuchar las quejas de Miguel Boyer. Su argumento habitual suele ser que México no practica un férreo proteccionismo comercial, pero que simplemente no tiene por ahora divisas disponibles para comprar en el exterior.

Ésta ha sido una tensión bilateral permanente durante los últimos dos años. Las estadísticas son, sin embargo, bastante ilustrativas al respecto. España es el segundo comprador mundial de México, casi emparejada con Japón, mientras que en la clasificación de vendedores ocupa el séptimo lugar, detrás de Estados Unidos, Japón, Alemania Federal, Francia, Reino Unido y Brasil.

En el horizonte próximo México tiene dos grandes contratos pendientes: la construcción de una flota propia para Petróleos Mexicanos y la renovación de sus ferrocarriles. España ha presentado ofertas que no ha justificado todavía.

Sin cambios previsibles

Las grandes inversiones industriales de México las maneja preferentemente el Estado y la ausencia de relaciones durante 40 años es un hecho que todavía se deja sentir en los niveles medios de las empresas estatales, que durante ese período establecieron circuitos comerciales con los que resulta ahora difícil competir.

No es previsible, en cualquier caso, que la balanza comercial experimente grandes cambios inmediatos por efecto de este viaje. Mayor atención dedicará Miguel de la Madrid a las inversiones españolas en México, que representan un porcentaje inferior al 2%. Para ello se reunirá en dos ocasiones con grupos industriales, en Madrid y Barcelona, y con los dirigentes del INI.

En materia política no hay ningún contencioso. Felipe González y Miguel de la Madrid tienen puntos de vista coincidentes sobre Centroamérica y la necesidad de replantear las relaciones Norte-Sur. Esta visita supone, por lo demás, una definitiva normalización entre los dos países.

Más información en la página 26

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 1985