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REVISTA DE PRENSA

El reino de la tierra tampoco es sencillo para los musulmanes

Londres,

El proceso conocido por islamización, que tanto ha afectado al mundo musulmán, parece haber alcanzado su techo. La obligación de conformar todos los aspectos de la vida -política, derecho, economía, familia- al Islam ha supuesto más problemas de los que algunos esperaban y de los que otros temían.La islamización ha tenido lugar en lugares diferentes por razones diferentes, pese a un origen común constituido por el crecimiento del sentimiento fundamentalista en la década de los setenta, siendo su ejemplo más impresionante el de la revolución iraní. (...)

Algunos líderes -el presidente paquistaní Zia y el derrocado sudanés Numeiri- trataron de utilizar el Islam para legitimar y consolidarse a sí mismos ante sus pueblos, de mayoría musulmana. El Gobierno egipcio, por el contrario, ha observado la islamización desde el nerviosismo más que desde el oportunismo: el asesinato del presidente Sadat, perpetrado por fundamentalistas en 1981, supuso la introducción del miedo a Dios en el Gobierno del sucesor Mubarak.

Pero diversos hechos han acaecido en estos tres países recientemente. La caída de Numeiri en Sudán, el pasado mes, se debió en gran parte a su deseo de querer jugar la carta del Islam para mantenerse en el poder. Perdió la partida. El Parlamento egipcio ha demostrado su prudencia al mostrarse cauto en elevar la sharia, código de conducta definido en el Corán, a ley nacional. El general paquistaní Zia, pese a negar que su ardor islámico se haya enfriado, ha frenado la aplicación de su programa una vez vistos los resultados del referéndum del pasado diciembre. Los ciudadanos fueron consultados acerca de su aprobación a la política de islamización. Se estima que la concurrencia electoral osciló entre un 10% y un 15%, y en las elecciones generales de febrero los resultados fueron penosos para los fundamentalistas.

Se dan buenas razones por las cuales hay países nada apropiados para un proceso semejante. Son países en los cuales hay una gran minoría de no musulmanes. En Sudán al menos una cuarta parte de la población es cristiana: el resentimiento de esa gente contra el presidente Numeiri propició su caída. Se ha hablado largamente sobre la islamización de Malasia, pero se ha puesto muy poco en práctica, en parte porque menos de la mitad de la población es musulmana.

Incluso en países de amplia mayoría musulmana, la variedad de sectas, etnias y lenguas hace impracticable una política de islamización. En Paquistán el 90% de la población es musulmana, pero se divide en suníes y shiíes, y ambos grupos interpretan las leyes de manera diferente. Y los suníes, a su vez, se dividen en aquellos que propugnan un islamismo rígido al estilo saudí y apoyan al presidente y aquellos que se hallan más próximos a un sufismo místico, enfrentados a Zia.

Incluso en Irán coexiste al menos media docena de grupos raciales y lingüísticos diferentes en el seno de los propios shiíes. El terror ha sido el instrumento utilizado para imponer tal régimen sobre una población tan diversa.

26 de mayo

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de mayo de 1985