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Preocupación en Portugal por la extensión del terrorismo

Tres atentados perpetrados en el espacio de 24 horas han colocado el tema del terrorismo en el primer plano de la actualidad política portuguesa. Si las tres granadas de mortero disparadas en la madrugada del lunes contra los barcos de una escuadra de la OTAN en el puerto de Lisboa, y que fallaron el blanco, tuvieron más repercusiones fuera de Portugal que en el propio país, la muerte del corredor automovilista Sidonio Cabañelas, víctima de la explosión de una bomba escondida en un paquete postal, ha causado profunda emoción en la opinión pública.

El gabinete de crisis -constituido por el primer ministro, viceprimer ministro, responsables de las carteras de Asuntos Exteriores, Administración Interna y Finanzas y los jefes de las corporaciones policiales- se reunió el martes para examinar la situación creada por la nueva oleada terrorista, atribuido a las Fuerzas Populares Veinticinco de Abril (FP-25). El ministro de Justicia, Rui Machete, del Partido Social Demócrata, afirmó ese día ante la radio y la televisión que "el terrorismo en Portugal es una cosa muy seria" y que "el Gobierno tiene sobradas razones de combatirlo con la mayor energía", aprovechando la oportunidad para recordar que el Parlamento de Lisboa aún no ha ratificado las leyes de 1984 sobre "seguridad interna del Estado".

Nueva fase

Después del período de semiparalización que siguió a la detención, en junio de 1984, de unas decenas de supuestos activistas de las FP-25, entre ellas el famoso teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho, el terrorismo portugués parece haber entrado, a partir de noviembre último, en una nueva fase, con dos características hasta ahora desconocidas o poco importantes: los ataques contra individuos muy conocidos a nivel local y los atentados contra instalaciones de la OTAN o de EE UU.En relación al segundo caso, los cuatro atentados perpetrados desde noviembre (dos contra la Embajada de Estados Unidos, uno contra el cuartel general de la Alianza Atlántica y otro contra la escuadra de la OTAN) presentan semejanzas asombrosas: en todos ellos fueron disparados tres proyectiles, que fallaron los blancos de una manera técnicamente inexplicable. A este propósito se llegó a decir que las FP-25 están tal vez pagando, con estas acciones poco más que simbólicas, ayudas recibidas de otros grupos terroristas europeos.

Los otros atentados, más trágicamente eficaces, son relacionados por el ministro luso de Justicia con la fase adelantada de la instrucción del proceso contra los dirigentes de las FP-25 presos, particularmente contra Otelo Saraiva de Carvalho, y las filtraciones a la Prensa de la existencia de pruebas que permitirían condenar al estratega militar de la revolución de los claveles. Hasta ahora, ningún líder político portugués ha sido seriamente amenazado, pero con el asesinato frío de personas en los puntos más distantes del territorio portugués, los terroristas lusos han dado claramente a entender que pueden golpear a quien, donde y cuando quieran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de enero de 1985