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Lluís Salat i Gusils

Gran maestro de la Gran Logia de España

El pasado día 6 de noviembre se cumplió el segundo aniversario del reconocimiento internacional de la Gran Logia de España por parte de la masonería regular que funciona en todo el mundo. De las 34 logias masónicas que existen en el país, la única reconocida a nivel, internacional es la Gran Logia de España. Donde más implantación tiene es en Cataluña, y hasta 1977 no pudo reemprender su andadura, tras el larguísimo paréntesis impuesto por la guerra civil primero y por el franquismo después.

Lluís Salat y Gusils es el número uno de la Gran Logia de España; en la terminología masónica, el gran maestro. Nació en Barcelona hace 69 años, hijo de una familia burguesa del Ensanche, propietarios de la empresa aceitera Olis Salat. La misma familia de la que han salido personas tan conocidas como el anterior presidente de la patronal CEOE, Carlos Ferrer Salat, y el actual director de La Caixa, Josep Vilarasau Salat, ambos primos suyos.El gran maestro lleva 49 años en la masonería. Ingresó siendo veinteañero. No habían pasado aún cuatro años cuando en 1939 se vio obligado a exiliarse como tantos otros hermanos masones. Su largo exilio se prolongó hasta 1970; de todo ese tiempo la mitad transcurrió en Colombia y la otra mitad en Venezuela, dedicado siempre al comercio. Excepto el mes que estuvo en el campo de concentración de Argelés (Francia), de donde le sacaron los masones del país vecinos, no se puede decir que la vida le tratara mal en el extranjero. Aunque, claro, la guerra civil española vino a cortar por lo sano buena parte de los proyectos que tanto Lluís como sus padres preveían para el futuro; estudiar Ciencias Políticas fue una de esas cosas que quedó en agua de borrajas a pesar de que, como él dice, "la política siempre me ha apasionado porque considero que es muy importante para la humanidad".

Lluís Salat debe a la masonería "todo lo que he hecho en la vida y lo que soy. Ha sido lo que me ha mantenido con ánimos hasta en los momentos más difíciles". Comenta que la masonería en España ha estado muy politizada, que se utilizó con finalidades políticas y en luchas religiosas, cuando en realidad, según él, no tiene nada que ver ni con la política ni con la religión.

"Para ser masón es preciso ser libre, mayor de edad y de buenas costumbres", dice LLuís Salat. Con su trabajo, los masones pretenden inculcar los principios de tolerancia y acatamiento al sistema democrático y para lograrlo, según el gran maestro, es preferible una persona de buena preparación intelectual y situada en un lugar que le permita poner en práctica sus creencias.

Al preguntarle por qué las logias continúan rodeadas de tanto secreto, Lluís Sala responde que entre los miembros de la Gran Logia de España -cuyo número se aproxima al millar- "hay hermanos que prefieren no decir que son masones, puede que por miedo a que venga un Tejero y ello les cueste la vida". Como prueba de que las cosas del mundo masónico no se llevan ni tan en secreto ni con tanto misterio cita como ejemplo la asamblea general que celebran todos los años el tercer sábado de marzo en un conocido hotel barcelonés y a la que, además de buena parte de los masones españoles, asisten invitados de otros países.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de diciembre de 1984