El Cajamadrid bordeó el ridículo

El público de Alcalá de Henares, de habitual chillón, quedó silenciado por el juego de sus jugadores. Los seguidores no encontraban razones para animar porque, fundamentalmente, los jugadores del Cajamadrid no encestaban, tiraban mal o hacían un juego racheado de extraordinario desorden. El Joventut, que después de lo de ayer alcanza aún más notoriedad, pudo haber conseguido un resultado de escándalo si no llega a ser porque era muy difícil, más que ganar, tomarse en serio el partido. Los 35 puntos de ventaja pudieron haber sido muchos más.
El Cajamadrid hizo seis puntos en los siete primeros minutos de partido. Mejoró este vergonzoso récord en la segunda parte, al contabilizarse casi cinco minutos para que el conjunto local pudiera anotar su primera canasta. Este balance aterrador condicionó el desarrollo de todo el encuentro por la sencilla razón de que el Joventut, sin tener que esforzarse demasiado, se hallaba con todo encarri lado.
Presionar sobre Llorente, hecho del que se encargó Villacampa, sirvió como todo elemento estratégico para bloquear al Cajamadrid porque éste se encargaba, apoyando el juego del Joventut, de ser un coladero con una infantil zona 2-3 que permitió unos acertados lanzamientos de 3 puntos, entre Villacampa y Montero, que pusieron las cosas en 2-12 como si no hubiera pasado nada.
Aún así, la teoría de que el desorden llega a producir desorden funcionó por unos momentos para que Llorente, que no sabía si hacerlo todo él o tirar la pelota y abandonar la cancha, pusiera un esperanzador 27-28 a falta de seis minutos. Resultó un espejismo, labrado a costa de un gran desgaste de energías, que ocasionó que el Joventut, amparado en que el rival no encontraba la respiración, volviera a marcharse (35-51).
Tras el descanso, dos notas: el Caja insiste en zona 2-3 y Beirán se convierte en reboteador. Resultado: el público temió un 50-100.
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