LA LLUVIA, PEOR QUE LA SEQUÍA
La sequía ha sido uno de los azotes de la caza. Teóricamente, esta temporada no podrá haber quejas, después de una primavera lluviosa. Pero las habrá porque la perdiz no ha criado bien. El agua que cayó resultó excesiva, los rastrojos crecieron demasiado, hizo mucho frío, incluso en mayo y junio, y no hubo las puestas deseadas.El panorama para la caza mayor, en cambio, ha mejorado. La lluvia proporcionó unos pastos que hacía años que no se veían y, además de evitar la mortandad de los animales más débiles, permitió mejorar la calidad de los trofeos, que están en función del alimento y del agua. En la caza mayor lo que cuenta es el trofeo. Es lo único que se lleva el cazador. La cuerna se homologa con arreglo a unas mediciones, se puntúa e incluso, si es importante, entra en una clasificación de récords.


























































