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Juegos de la 23ª Olimpiada de la era moderna

Jose Marín escribió una gesta olímpica

ENVIADO ESPECIAL, La hemoglobina es una sustancia que transporta el oxígeno a los músculos. Una persona normal tiene entre 12 y 13; quien haga deporte, más de 14, y un fondista, más de 15. Hace una semana, José Marín tenía 12,8; el viernes, cuando participó en la final de 20 kilómetros marcha, 13,7. Sus rivales andaban próximos a los 16, que es lo que él tiene habitualmente. Además, en las últimas 48 horas había dormido cinco, y sentado a consecuencia de una neuritis. Fue sexto. Lo suyo fue una gesta olímpica. Con la excepción de Trabado, que se clasiricó para cuartos de rinal de los 800 metros, el resto de los españoles fracasaron en la madrugada del sábado. En la madrugada de hoy, Trabado volvió a participar en las eliminatorias de 800 metros.

José Marín sabía que no andaba muy fino, pero estaba animado. El médico no le había dicho nada para no desmoralizarle. Al fin y al cabo, consecuencias negativas no iba a tener. Marín se había hecho unos análisis y le habían dicho que estaba algo flojo, pero no tanto. Él salió en la final más preocupado por su neuritis que por la carencia de hemoglobina.El miércoles, Marín se había lastimado en el interior del coche y uno de los nervios intercostales había quedado comprimido. Le dolía mucho. Tanto, que incluso por la noche no pudo dormir. Al día siguiente se hizo radiografías. No tenía nada. Era simplemente el nervio. Eufemiano Fuentes, médico del equipo, le inyectó un analgésico. El problema era que sus efectos sólo duraban una hora y que la final iba a durar hora y media. En la noche del jueves pudo dormir cinco horas, y sentado, para que el nervio no quedara comprimido. No le importó. Ya se acostumbró cuando le operaron a principios de año en un testículo.

Al día siguiente, horas antes de la carrera, se quedó dormido. Estaba reventado. Después le inyectaron un analgésico que les fue facilitado en la farmacia de la villa olímpica, cuyos efectos duraban ocho horas. Había un problema. El producto estaba incluido en la lista de sustancias consideradas como doping. Se consultó, se redactó un informe y la comisión médica dio su conformidad a q6e al atleta se le suministrase el analgésico. No habría, pues, problemas de positivo en el control antidoping, ni tampoco que el dolor llegara durante la prueba. Quedaba sólo lo de la dichosa hemoglobina. Pero Marín pensaba que no era tanto.

Marín salió en la final a por todas. Se situó en el grupo de cabeza, con mexicanos e italianos, y, aguantó hasta donde pudo. Ese momento llegó poco antes del kilómetro 10. Canto, González, Damilano, Lebland, Mattioli, Evoniuk, Andersen, todos andaban como motos. Tenían los músculos perfectamente oxigenados. Marín, en cambio, comenzó a observar que no marchaba. Comenzaba a tener débito de oxígeno en la sangre. Quería y no podía. Cada vez era mayor la diferencia con el grupo. Apretó los dientes, agachó la cabeza. Pensó que era un mal momento pasajero. Sucede otras veces. Llegó a estar en décima posicion. No podía ser. Cada vez quedaban menos kilómetros. La victoria ya era un imposible. También la medalla. El grupo de cabeza iba fuerte. Comenzaron a descolgarse marchadores. Marín se dio cuenta y vio que, sin forzar el ritmo -orgánicamente no era posible- iba a'ínejorar su clasificación. Y comenzó a escalar posiciones. Hasta el sexto puesto. Había triunfado. Pero no lo sabía. Creía haber fracasado por no subir al podio. Y lloró. No quiso ver a nadie. Se fue directamente a la villa olímpica. Allí le explicaron que había conseguido una hazaña.

Semana de recuperación

José Marín tiene,ahora una semana de recuperación hasta la final de 50 kilómetros. Para entonces, y con el tratamiento que sigue, la hemoglobina le habrá subido hasta 14,5. También le habrán desaparecido los dolores del nervio intercostal. Y saldrá con la fe del que sabe que lo suyo del viernes fue una gesta. Si fue sexto en tales condiciones, podrá ser capaz de ganar a poco que mejore su organismo. Ahora se le va a realizar un seguimiento exhaustivo. Se le descubrió la anemia patológica casualmente. Al llegar a Los Angeles, ante las facilidades médicas que hay en la villa olímpica, se le sugirió que realizara un análisis de sangre para ver si se había recuperado de una insolación que tuvo recientemente. A los diez minutos estaban los resultados. El tratamiento fue puesto en práctica inmediatamente, y el viernes Marín logró un diploma olímpico. El sábado podrá estar en condiciones de ganar la medalla.

Fracaso general

El resto de la actuación españo la fue decepcionante. Sólo se salvó Coloman Trabado, que logró la clasificación para los cuartos de final de 800 metros. Antonio Prieto quedó eliminado en 10.000, y al final declaró: "He hecho el ridículo".

Prieto no encontró justificacio nes a su eliminación. Iba bien, hasta que hubo un cambio de ritmo. Su clasificación la tenía práctica mente asegurada. El grupo de ca beza, mediada la prueba, lo forma ban nueve hombres y sólo tendría que ganar a cuatro para estar en la final. Y aún quedaba la esperanza de clasificarse por mejores tiempos. Al poco tiempo, la cabeza se redujo a seis. Casi inmediatamente, nuevo tirón de los atletas punteros -Cova, Nzau, Rose y- Shahanga-, al que Prieto no pudo responder. "No comprendo qué pasó. Las piernas no me daban más de sí, pese a que iba fenomenal de ritmo. Quizá fuera porque era mi primera carrera de la temporada, después de haber estado meses inactivo a causa de una anemia. Ahora me arrepiento de ha ber venido. Si por algo yo no quería, pero me dijeron que viniera, y como me había recuperado, pues acepté. Y salí con la inseguridad del que lleva casi un año sin pisar la pista. Lo más que deseo ahora es regresar a España y olvidarme de todo. No pienso salir en 5.000 metros, y tengo que meditar si doy por terminada la temporada, porque quizá acuse el gran esfuerzo que hice el año pasado, preparando a fondo el mundial de Helsinki y el de cross". Prieto fue séptimo en su serie, con 28.57.78.

En 800 metros únicamente logró la clasificación Trabado. Se quedó fuera Benjamín González, que reconoció haber corrido como un novato, "porque, como me sentía bien, salí detrás de Ovett olvidándome de los, que tenía por detrás. Al final acusé el esfuerzo, y cuando vi que me igualaba ese de amarillo (Oslen Barr), pensé: ése no será capaz de ganarme. Y me ganó". Benjamín González fue cuarto en su serie, y tampoco por tiempos el suyo (1.48.01) le permitió pasar a cuartos de final.

Coloman Trabado, en cambio, sí pasó al ser tercero (1.46.00). Corrió siempre pendiente de Coe, y al entrar en la recta se abrió para no quedar encerrado y se relajó. El italiano Materazzi le apretó por dentro y no le ganó por tres centésimas. "Me he visto eliminado", dijo Trabado, "porque cuando me vino el italiano ya no podía cambiar de ritmo y no sé cómo pude aguantar. He acabado destrozado y eso que hice una carrera cómoda, porque la primera vuelta se pasó a un ritmo que me va. Pero aquí, al final, todos corren a muerte, y el más mínimo descuido te supone la eliminación. Tal y como se está corriendo, puedo asegurar que no ganará el mejor, sino el más fuerte. Y que Ovett y Coe se olvidan de vencer en el 800 y 1.500. Quien corra las dos pruebas y llegue a las finales habrá soportado siete carreras a un ritmo endiablado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 1984

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