Reportaje:

José Antonio Castro, 'Toyi', el púgil recluso que sueña con ir a Los Ángeles

José Antonio Castro, Toyi, 25 años, campeón de España aficionado de los pesos pesados, suele tener en su memoria el recuerdo de su madre -"la persona a la que más quiero"- y de sus compañeros de prisión, que le han prestado todo su aliento en su carrera boxística. Para este púgil canario, al que le sobra fibra y corazón, obtener la quinta plaza del boxeo español para Los Ángeles era una de sus más importante metas, aunque todo hace indicar que, finalmente, no se le podrá abrir esta llave, salvo lesión o baja forma de alguno de los cuatro púgiles ya fijos para Los Ángeles.

Los sacrificios de su puesta a punto en el parque nacional de Las Cañadas del Teide (Tenerife), a las órdenes del veterano seleccionador nacional Manuel Santacruz, Palenque, no son comparables con la impaciencia que le produce imaginarse cuál será, finalmente, la decisión del Comité Olímpico Español (COE) sobre su participación en los Juegos Olímpicos. Entre tanto, ha aplazado su decisión de pasarse al campo profesional.Palenque sería el primero en regocijarse si Toyi fuera a Los Ángeles. "Yo confío un montón en que el chico convenza a los del COE y se apruebe su participación olímpica. Para los dos sería una gran suerte", señala. El púgil enternece su rostro cuando acaricia la idea. Los problemas legales, al parecer, no existen. Los funcionarios de la prisión de Santa Cruz de Tenerife, donde cumple condena, le han dado todas las facilidades, y hasta el propio director general de Instituciones Penitenciarias, Juan José Martínez Zato, le ha felicitado por telegrama por sus éxitos deportivos. Toyi aún piensa que sería una buena ocasión para romper el entuerto que ha marcado su trayectoria. En 1979 no pudo acudir a los Juegos del Mediterráneo porque tenía juicio pendiente, y el pasado mes, tras los Campeonatos de España, en que obtuvo el título de su categoría, perdió por una hora un viaje a Grecia para intervenir en un torneo internacional, una cita muy importante para su clasificación para los juegos Olímpicos.

La carrera de Toyi, desde su primera victoria ante el ex campeón de, España José Ortega en su combate de reaparición (había estado ausente de los cuadriláteros cinco años), el pasado mes de septiembre -en la prisión provincial de Santa Cruz de Tenerife, con motivo del día de la patrona-, hasta este momento ha sido fulgurante. Hace un mes arrebató al propio Ortega el cetro nacional de los pesos pesados en el Pabellón de Deportes de Santa Cruz, que coreó su nombre sin cesar. "Me han dicho que me he convertido en un ídolo. Estoy agradecido a la afición porque sé que me quiere mucho", declara el púgil. Le anima pensar que algún día pueda repetir la proeza de Sonny Liston, un célebre boxeador que también estuvo entre rejas, aunque no oculta que su ídolo ha sido siempre Clay.

Desde los 16 años

Recuerda, orgulloso, el esfuerzo que le costó volver al boxeo. Pelea desde los 16 años. Dos años más" tarde pisó la cárcel por primera vez como preventivo. El 4 de diciembre de 1979 ingresó nuevamente en prisión para cumplir una condena de 28 años por haber cometido tres delitos de robo, receptación de objetos robados y venta de droga. En ese momento perdió las esperanzas de dedicarse al deporte que siempre le había desaconsejado su madre, la misma que le abrazó con los ojos llenos de lágrimas a los pocos minutos de su triunfo ante Ortega en la prisión y la que hoy está convencida de que el boxeo ha rehabilitado a su hijo.

Toyi reconoce a Raúl Tejera, su actual preparador, la virtud de sacarle del ostraciamo y devolverle al deporte. Tejera montó en noviembre del pasado año, con el apoyo de los funcionarios de la prisión y en el interior de la misma, el gimnasio Benito Pérez. Armas -el nombre de la avenida donde está emplazado el centro penitenciario-, donde el púgil canario recuperó su ilusión por el boxeo. "Me prometieron que se podrían organizar combates entre los compañeros y empecé a entrenar, aunque las instalaciones no eran las adecuadas porque a las dos vueltas que daba al patio me mareaba. Cuando peleé con Ortega, me faltaban piernas". Coincidiendo con su victoria en la cárcel se publicó la reforma del Código Penal, y su pena se rebajó a la mitad, 14 años. Al llevar cumplidos algo más de cuatro años y medio de condena ha podido disfrutar del régimen abierto.

Cada mañana sale a entrenar al parque de La Granja, a pocos metros de la prisión. Allí, entre palmeras y árboles frondosos, realiza ejercicios fisicos durante cerca de dos horas. Luego se dirige a su casa, donde su madre le tiene preparada una dieta alimenticia especial. Descansa y dedica la tarde a perfeccionar su técnica en un gimnasio de la capital. A las nueve de la noche regresa a la prisión y comenta con sus compañeros, en especial con sus hermanos José Luis y Ramón, las incidencias del día.

Fe en el Rey

Cada 45 días tiene derecho a una semana de permiso. "Mis compañeros saben que trabajo duro y que lo que hago requiere mucho sacrificio y ganas de triunfar. Me siento totalmente recuperado y no se me pasa por la cabeza volver a delinquir, aunque comprendo que algunas personas lo hagan en muchas ocasiones por necesidad", afirma.

Tiene fe en que algún día el Rey le conceda el indulto particular que le solicitó en noviembre pasado. "Confío en que don Juan Carlos atienda mi petición y valore que el boxeo me ha rehabilitado", indica. Entre tanto, cuando cumpla la mitad de la condena, en 1986, podría disfrutar de la libertad condicional. No obstante, las autoridades penitenciarias están dispuestas a concederle permisos extraordinarios para que cumpla sus compromisos deportivos dentro y fuera del país. Su caso ha trascendido las fronteras. Cuentan que le han escrito aficionados de la República Federal de Alemania y de Cuba dándole moral. Le ilusiona pensar que con sus 88 kilos de peso, 1,85 metros de estatura y un palmarés de 21 combates (17 victorias, dos derrotas y dos nulos) pudiera ser el único deportista del mundo que participara en Los Ángeles a pesar de su condición de preso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 11 de julio de 1984.

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