Domingo Collado Rostro, peregrino

Intenta llegar a pie a Jerusalén, tras la muerte de su mujer e hija

El 17 de agosto de 1978, en la autopista Barcelona-Mataró, perdió en accidente de automóvil a su esposa, de 25 años, y a su hija, de 18 meses. A raíz de aquello intentó varias veces poner fin a su vida. Cinco días más tarde, salió de Barcelona con una meta que él mismo se había marcado: llegar en peregrinación hasta Jerusalén. Domingo Collado Rostro, extremeño, de 33 años de edad, lleva cinco años intentando cubrir ese objetivo. Más de 55.000 kilómetros recorridos con su mochila y la mirada puesta en Palestina. Ésta va a ser su segunda intentona; hace dos años se quedó en Albania.

Allí se encontró un país comunista en el que el 69% de la población es musulmana. La frontera estaba cerrada, por lo que le pidieron un visado especial para entrar y tuvo que volverse.Regresó a España y nuevamente recorrió nuestro país, pero dispuesto a volver a intentarlo. "Yo espero que con la ayuda de Dios, a quien le rezo todos los días por eso, por la paz del mundo y por Walesa, pueda llegar felizmente a Jerusalén". Para Domingo, la solución está en las grandes superpotencias. "Ellos tienen la clave para que los hombres dejen de odiarse".

Profundamente religioso, catequista junto a su mujer en una parroquia barcelonesa, ciudad a la que llegó como un emigrante más, Domingo relata, una tras otra, anécdotas de su primer viaje, que se frenó en Albania, desde la cárcel en Polonia hasta la recepción que le brindó Juan Pablo II en el Vaticano, o su encuentro con la madre Teresa de Calcuta.

"Lo de Polonia", explica, "es algo que nunca olvidaré, aunque en el interior de mi corazón ya he perdonado. Llegué a Polonia para visitar a la Virgen Negra y porque allí nació el Papa". Allí fue detenido por los militares y encarcelado. "Me habían tomado por un agente secreto o por un espía. Lo cierto es que, durante 15 días, según reconoció luego la Embajada española en París, fui sometido a tortura psíquica. Me encerraron junto a dos militares en un pequeño cuarto donde, cada cinco minutos, me entregaban una comida que luego me retiraban. Después, me sacaban a ducharme con agua fría cada tres horas. Finalmente, y tras hacerme preguntas de toda índole, me inyectaron algo en el brazo. Fue a raíz de aquella inyección cuando se convencieron de quién era yo". Cuenta que quedó libre de los militares polacos gracias a Lech Walesa. "A él", manifiesta profundamente emocionado, "le debo la vida. Es un líder a quien siempre había admirado y por quien rezo diariamente". Desde entonces, una foto del premio Nobel de la Paz acompaña a Domingo en su camino a Palestina.

Ésta fue la vivencia más trágica de ese primer viaje. "Sí, pero también hubo cosas agradables. El 25 de mayo de 1983 fui recibido, gracias a la Emba ada española en la Santa Sede, por su santidad Juan Pablo II. Cinco días antes tuve el honor de conocer personalmente a la madre Teresa de Calcuta. Fue un momento especialmente emocionante, porque mi mujer y yo prestábamos, cuando ella vivía, servicios en la única casa que existe de la madre Teresa en España, en Sabadell".

Cuando vea cumplida su promesa, comenzará un nuevo proyecto ejercer de misionero en Calcuta. "Ese es mi futuro, junto a otros dos compañeros, José Antonio y María Inés".

A su vuelta de Jerusalén dice que le gustaría "crear en Guatojar una comunidad cristiana para ex alcohólicos y ex drogadictos. Esta institución estaría regida por las reglas de san Benito".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 07 de marzo de 1984.

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