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Manuel Fraga
demostró ayer que va de campaña con el Estatuto de Guernica en una mano y el Nuevo Testamento en la otra. El líder de AP llegó a Villabuena (Álava) y, al ir a dar la mano a un obrero, vio que éste tenía un dedo vendado. Aunque el trabajador le dijo que no era nada, Fraga, investido de buen samaritano, pidió el botiquín de urgencias que lleva en su equipaje y procedió a curarle el dedo.


























































