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Teatro en la pequeña pantalla

Tono y el 'sombrero' de Labiche

Cuando Eugenio Labiche murió, hace casi un siglo -1888-, dejó tras él 10 volúmenes de su teatro completo -unas 150 obras-, era miembro de la Academia Francesa y Caballero de la Legión de Honor. Grandes honores para un farsante, o sea, para un escritor de farsas. Y es que Francia, por lo menos desde Moliére, honra a sus autores ligeros. Se pensó siempre que Labiche consideraba, en el fondo, al hombre contemporáneo como un idiota, pero un buen, tierno idiota, capaz de enredarse y complicarse la vida por su mezcla de estupidez y de ternura, alentadas las dos por la caída de las tentaciones... Este creador de farsas pasa por ser un gran retratista de la sociedad Su sistema era ya conocido y después de él se -iba a prolongar mucho: llevar los sucesos al absurdo, buscar situaciones altamente improbables en la vida real, dándoles él su propia lógica, su verosimilitud escénica, a fuerza de oficio teatral.Así es El sombrero de paja de Italia, una de las más famosas. Tanto que, muchos años más tarde, René Cláir la llevó al cine (1928) y obtuvo su primer éxito importante (por cierto, René Clair también ingresó en la Academia Francesa y fue la primera vez que la institución admitía a un creador de cine) y la Comédie Française incluyó en su, repertorio esta comedieta junto con otras de Labiche, al qué iba casi siempre unido otro nombre -y desde luego, en este caso-: el de su colaborador Marc Michel, al que la historia de la literatura ha olvidado. Le aplastó la importancia de Labiche.

Al Sombrero de paja le conviene. Hay una historieta de adulterío y una de boda: adúltero y novio son la misma persona, y se trata de que nadie lo sepa. Como en tantas otras obras de este género, la salvación- consiste en el hallazgo de un objeto imposible: en ésta, un sombrero de paja de Italia que inoportunamente se ha comido un caballo y que si no se repone -con el hallazgo de otro exactamente igual- pondrá en riesgo a todos... La busca del objeto da la angustia cómica de la situación, y la necesidad de encontrarlo rápidamente, la velocidad necesaria y el cruce de los absurdos. En medio de todo ello aparecen los caracteres, el grupo social -los invitados a la

boda-, la ridiculez de todos...

No aparece claramente, antes del pase de la versión por TVE, hecha por Cayetano Luca de Tena como director, si puede o no conservar hoy algún atractivo. Lo más claro es que la versión es de tono, y que Tono tenía su idioma propio, su lenguaje creador, su utilización -mucho más bondadosa que la de Labiche- de la tontería humana, y que en ese diálogo puede -solamente puede- haber un aliciente. Lo demás es museo y recuerdo.

Un sombrero de paja de Italia se emite esta noche alas 21.35 por la primera cadena.

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