La clase política
Desde hace dos años, el ciudadano de a pie asiste, entre asombrado y aturdido, a una serie de acontecimientos políticos con los cuales creo que difícilmente puede llegar a identificarse.Pero el asombro y la preocupación llegan a su cota más alta cuando, a raíz de la convocatoria de elecciones, asistimos a un afán desenfrenado por situarse en los primeros puestos de las listas electorales al precio que sea, bien cambiando de partido o bien luchando denodadamente por colocarse en cabecera de lista de una provincia segura.
Para lograr este objetivo valen todos los medios, incluido el hacer y deshacer coaliciones, en las cuales, en teoría, no debería buscarse más que el bien de la nación y la estabilidad de su sistema político.
Siendo este tema muy grave, mayores son aún sus consecuencias, ya que ¿cómo podrá el ciudadano confiar en las promesas de quienes así actúan? ¿Será cierto que en su servicio político sólo buscan el bien y el servicio a los ciudadanos? ¿Cómo creer en sus ideales que, lejos de estar guiados por patriotismo, están movidos por el deseo de obtener un escaño?
Realmente, el espectáculo que se nos ofrece en vísperas de las elecciones es decepcionante y nos revela cuán alejado de su verdadero fin está este juego de la política y cuyo resultado va siendo progresivamente un hastío y decepción del electorado, cada vez más alejado de su clase dirigente /


























































