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El primer ministro de Canadá finaliza su visita a España.

Ante la mirada atenta de solícitos funcionarios, no muy habituados a ver jefes de Gobierno que se arrodillan en un aeropuerto para buscar algo en su maleta, el primer ministro canadiense, Pierre Elliot, Trudeau, ordena personalmente su equipaje, un tanto revuelto tras haber buscado y encontrado las gafas de sol que necesitaba. Después, su hijo Michel, de seis años, subía y bajaba corriendo las escalerillas del avión, mientras el padre completaba las ceremonias de despedida con las autoridades españolas. Estas han sido las últimas estampas, humanas y distendidas, de estancia en España del primer ministro canadiense, quien ayer marchó a Bonn.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de junio de 1982