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Gente

«He escrito unas cuantas novelas, pero no sé muy bien cómo las hice. La novela es un género literario amplio que no tiene definición; por eso resulta difícil hacer lo indefinido», explicó Juan Benet en el transcurso de una conferencia en el Aula de Cultura de Alicante, en la que participó junto con Juan García Hortelano, pretendiendo explicar «Cómo se hace una novela», título de la conferencia, aunque el propio Benet dijo que se declara «incapaz de definir lo que es una novela y, desde luego, no crean que van a salir de aquí sabiendo cómo escribirlas», informa Mari Carmen Raneda.

Juan Benet explico que él escribía entre las ocho de la tarde y las diez de la noche en papel blanco y a máquina, «y eso siempre que no llame algún amigo o Juan García Hortelano». También dijo que le gustaba escribir teniendo una copa a mano. «El resultado de esas horas de trabajo, de ocho a diez, durante mucho tiempo, puede ser una novela, que luego se puede vender a un editor por 40.000 o 50.000 pesetas. Después viene el público y luego los críticos, que es lo más terrible. Alguna vez viene un editor agresivo, te mete unos millones en el bolsillo y te lanza 100.000 ejemplares. Pero esto es algo que apenas ocurre dos veces en la vida. Lo normal es que todo acabe en una cena entre amigos. Y así el ciclo se repite cada dos o tres años, que es el tiempo necesario para juntar todo el trabajo hecho durante las tardes, de ocho a diez».

También García Hortelano explicó que escribía a máquina, en papel blanco y con muchos cigarrillos, «pero ni una gota de alcohol». Insistió en lo difícil que resultaba explicar cómo se hace una novela y, sobre todo, «para qué». Lo importante es tener mucha paciencia y gran perseverancia. Tenerle un cariño neurótico a un mundo inexistente y mantenerlo durante cierto tiempo, el suficiente para completar una novela. Luego, cuando ya está escrita, se observa que hay una gran distancia entre la novela mental que uno imaginaba y la que se ha escrito. La distancia es tan grande, el fracaso tan enorme al comprobar lo que era el deseo y lo que es la realidad, que uno siempre trata de repetir la operación en otro libro, para escribir, por fin, esa novela deseada. Porque siempre escribir un libro es repetir el fracaso que ha sido la anterior novela».

Durante toda la conferencia, los dos escritores salpicaron sus intervenciones con frases irónicas y ácratas, que le llevaron a Juan Benet a decir que lo importante «es qué el personal escriba novelas, que todos hagan sus novelas». Tampoco faltaron las críticas mutuas entre los dos novelistas, en un ambiente chispeante en el que lograron numerosas veces la risa de los asistentes. Así, Benet acusaba a García Hortelano de hipocresía, de haber elegido mal a sus maestros (italianos y franceses) y de ingenuidad, al pensar en algún momento de su carrera literaria que se podía hacer caer al régimen franquista con unos folios. Por su parte, García Hortelano acusó a Benet de despreciar la ingenuidad literaria, «que ni siquiera concibes que exista», de haberse creído que con su obra iba a llenar un hueco en la literatura española, para, finalmente, decirle que iba a terminar en el best seller.

El heredero al trono de Irán, Reza Sha II, declaró que «muchos de los que dijeron ser nuestros amigos y consideramos como tal fueron unos traidores», en el transcurso de una entrevista, la primera concedida desde su proclamación de emperador iraní en el exilio, al enviado especial de la revista española ¡Hola!, Jaime Peñafiel, en El Cairo.

Después de deshacerse en elogios para el país que le hospeda, junto a su madre y hermana, Egipto, declaró su más absoluta confianza en el presidente Anuar el Sadat.

Para Reza Sha II, el actual período, tras las muerte de su padre y el acceso del poder jomeinista en su país, «es el más crítico de mi vida», declaró,

No quiso calificar como «traición» la actitud de Estados Unidos hacia la monarquía iraní, y comentó un principio de política internacional: «Todo país es tu aliado mientras te necesite».

En relación con la situación de su familia, Reza Sha II manifestó que el mayor problema con que se enfrentaron a su salida de Irán «fue el de poder afincarnos en un sitio». alegando que «en política no caben sentimientos».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de abril de 1981