Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

Umbral y el anarcopilarismo

Hace ya tiempo que el señor Umbral, metido hasta el cuello en ese mundo cheli en el que sobrevive, porque sabe muy bien nadar y guardar la ropa, está desarrollando un curioso vocabulario «sociológico» a base de añadir al vocablo anarco todas las terminaciones que se le ocurren. Así, ha creado, aparte de la gama que tiene como punto de partida la palabra acracia, los siguientes términos: anarcopasotismo, anarcoacratismo, anarcorreaccionarismo y, últimamente, anarcopilarismo. Este término, después de las declaraciones de Arrabal a Rosa Montero en EL PAIS SEMANAL del 28 de diciembre, en las que el escritor atacaba al comunismo y a otras cosas. La salida al paso de Umbral ha sido rápida, como si de un diligente miembro del frente de la cultura se tratara, uno de esos instrumentos especializados de la burocracia, adiestrados para dar patadas a cualquier cabeza anárquica que sale gritando de las aguas de la contestación y mandarla a ahogarse al fondo del abismo.Lo del anarcopilarismo es, al parecer, porque Arrabal se educó con los pilaristas, al mismo tiempo que Umbral se educaba con gente parecida y además cantaba el Cara al sol en el colegio. Esto es lo de menos, porque cada uno se ha educado donde ha podido. A mí, Arrabal no me interesa personalmente. Desde mi óptica no es ni anarquista ni ácrata. Todo lo más, anarcoide, pero esto lo es casi todo el mundo, y el cheli Umbral, innumerables veces. Ser anarquista o ácrata es algo mucho más serio. De esta clase de personas fueron Bakunin, Kropotkin, Reclus y muchos más; en España, Anselmo Lorenzo, Tarrida del Mármol y Farga Pellicer, Fermín Salvochea; posteriormente, Salvador Seguí, Ferrer, Juan Montseny, Quintanilla, Durruti y varíos centenares más de similar estatura humana. Todos ellos se hallaban a años luz del chelismo vividor y oportunista del señor Umbral, habitual de tascas y charangas, donde bulle el «todo Madrid», que nunca sabe lo que es una huelga, una empresa o una flexibilización de plantillas. Aquellos anarcos sólo supieron de sangre, dolor y lágrimas. Asumieron enormes peligros por conseguir un mundo decente. Y la mayoría perclieron la vida en el empeño. La

Pasa a página 8

Umbral y el anarcopilarismo

Viene de página 7 mento tener que señalar que, a mi juicio, la única alternativa del señor Umbral es sobrevivir en este mundo como sea, rizando el rizo y pontificando cuando sabe que es difícil responderle. Cuando le sale un peso pesado con voz, con más agallas y punch que él, como ha ocurrido hace poco, el hombre se calla o utiliza la coba para salir del paso. Resumen: el señor Umbral se está pasando./

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_