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El interés por el arte de los "feroces vikingos"

«Vinieron por el mar unos paga nos de las tierras del Norte y lo arrasaron todo». Esta expresión, de un fraile ampurdanés, historiador de finales de la Edad Media, recogía la imagen que habían dejado en España las incursiones de los «marinos aventureros» de las playas y fiordos escandinavos. Este estereotipo, de «feroces guerreros», de «cascos con cuernos», que se ha propagado a través de la historia, por medio de algunos mecanismos de la industria cultural, pierde consistencia tras la contemplación de la exposición que sobre Los vikingos y sus predecesores inaugurará hoy la reina Sofía en el Museo Arqueológico Nacional.

La exposición, porque en parte es desmitificadora, no es espectacular. En ella se exhibe un conjunto de 133 objetos, distribuidos en cuatro apartados: desde los predecesores de los vikingos hasta los estilos artísticos, pasando por el período propiamente vikingo y por la metalistería artística. En la misma muestra, organizada en sus comienzos por el museo estatal de Estocolmo y exhibida ya en Moscú, Leningrado, Varsovia, Budapest y Sofía, se presentan también diversos paneles fotográficos de los lugares de asentamiento de este pueblo. La Habana, Caracas, México y Otawa serán los próximos escenarios, a partir del mes de enero, de esta exposición, que ha sido gestionada en España por la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura.«Ser vikingos» o «ir de vikingos» era, según ha explicado el antropólogo noruego Thor Heyerdahl, el término utilizado para denominar una de las empresas temporales de aquellos aventureros de pueblos marinos que zarpaban de Noruega, Dinamarca y Suecia para llevar a cabo «acciones de comando» (en terminología moderna) en tierras extranjeras; «pero referirse a todos los escandinavos del primer milenio de nuestra era como si fueran vikingos es tan injusto como llamar bucaneros a todos los ingleses del siglo XVII».

Según algunos arqueólogos e historiadores, los vikingos, que se movieron en el período que va desde el año 800 al 1100, aproximadamente, salieron a los mares debido a que la vida en sus tierras era materialmente insoportable. Pero algunos descubrimientos arqueológicos más modernos han demostrado que no fue ni el hambre ni la falta de espacio vital lo que impulsó a los vikingos a abandonar sus hogares para invadir lejanas costas. Tanto los fértiles valles de Dinamarca y las verdes montañas de Noruega y Suecia suponían la suficiente riqueza como para que, además de mantenerse, incluso exportaran productos derivados de la agricultura y ganadería, que también eran abundantes.

La arqueología ha aportado también pruebas de un intenso comercio vikingo a lo largo de los ríos de la Europa oriental, e incluso por el extremo oriental del Mediterráneo. Otros citan a los vikingos como los primeros descubridores de América, cinco siglos antes que Colón. En España parece que penetraron fundamentalmente por Galicia -en cuyas costas sembraron el pánico-, por el Mediterráneo, e incluso hicieron alguna incursión al Pirineo, donde secuestraron al rey de Navarra en el siglo IX.

La necesidad interna de viajar y sus creencias mitológicas podría haber sido, según algunos especialistas, el principal motivo impulsor de los largos viajes de estos aventureros del Norte. En principio, estos viajes se teñían de las acciones propias de un comercio pacífico. Pero ¿qué era ser pacífico en aquel tiempo? No está claro cómo los vikingos comenzaron a utilizar la fuerza y se convirtieron en temibles guerreros. Estas descripciones peyorativas provienen de sus adversanos. Cuando ya comenzaron a conocerse sus propias versiones, éstos aparecieron, ciertamente, en parte, como despiadados y crueles, pero no más despiadados y crueles que otros pueblos de su época. La piedad y la tolerancia eran prácticas sociales que no estaban de moda entonces.

Crueles o no para su tiempo, lo cierto es que los vikingos dejaron suficientes vestigios de su cultura de asentamiento, de navegación, de las rutas del Este y del Oeste, de sagas y leyes y de sus religiones y sus mitos. Y a pesar del, al parecer, miedo y odio que despertaban, la larga influencia escandinava en el arte y en la organización social del mundo occidental demuestra que los vikingos tuvieron su cuota de contribución en el resurgimiento cultural de la Edad Media.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de diciembre de 1980

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