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En el Magariños el Atlético superó claramente al Barcelona

El Atlético de Madrid se impuso con más facilidad de la prevista al Barcelona en un partido tenso, duro y complicado, en el que sólo a ratos se vio calidad, casi siempre debida, a las individualidades, de que gozan ambos conjuntos, aunque hay que contabilizar tres o cuatro goles -además de alguna otra jugada- del equipo catalán producto de un bonito y eficaz juego ofensivo. Al margen de esto jugó más y mejor el Atlético, que debe en gran parte su triunfo a la sensacional actuación de su portero, De Miguel.Es evidente que en un juego, el balonmano, en el que se lanza a puerta aproximadamente una vez por minuto, la actuación de los porteros resulta importante, e incluso en muchas ocasiones decisiva. El domingo, en el Magariños, esto se hizo patente. Estaban bajo los palos los dos mejores guardametas de España. El «número uno», Patxi Pagoaga, ni se encontró a sí mismo, ni, por supuesto, tuvo su día, hasta el punto de que tuvo que ser sustituido, y precisamente cuando volvió tuvo sus más felices intervenciones. Por contra, De Miguel hizo que corearan su nombre y arrancó las mayores ovaciones. Salvó goles cantados e incluso detuvo dos penaltis. Tuvo, sin duda, mucho que ver con la victoria de su equipo. Por sifuera poco se aliaron con él los postes, a los que fueron a parar cinco lanzamientos de los azulgrana.

También sirvió este acontecimiento balonmanístico para que quedase patente la ventaja que tiene el defensor sobre el atacante. La dureza -empujones, agarrones y todo tipo de marrullerías- no es justamente castigada, y de las faltas cometidas el atacante no obtiene ninguna ventaja. Un cambio de reglamento proporcionaría aún más belleza y velocidad a este juego.

El mayor equilibrio del Atlético ante un Barcelona que esta vez no supo jugar con el marcador en contra fue otro factor protagonista de un partido que hizo gozar más al seguidor rojiblanco que al aficionado al balonmano.

Por lo que respecta a otros resultados, el Calpisa, uno de los tres favoritos, ganó en Pamplona al Anaitasuna, y el Marcol, que -mantiene su buen tono medio de cada año, se impuso al colista Beti Onak con menos amplitud de la prevista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 1980

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