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Nicolás Sartorius propugna un acercamiento socialistas-comunistas

La clave para la modernización de España y la salida de la crisis en Europa pasa por una mejora de relaciones entre los partidos socialistas y comunistas», afirmó anoche Nicolás Sartorius, dirigente de Comisiones Obreras y miembro del Comité Central del PCE, en una conferencia pronunciada en el CIub Siglo XXI.Sartorius dijo que «el riesgo de este país, si UCD sigue gobernando mucho tiempo, es que ésta se convierta en un partido-régimen -al estilo de la Democracia Cristiana italiana-, en un partido-Estado, con lo que ello tendría de adulteración de la vida democrática y de estancamiento civil ».

Situación de la izquierda

Al analizar la actual situación de a izquierda, el conferenciante dijo que «quizá el hecho más preocupante es que todavía existen significativos partidos socialistas que no reconocen los límites de su experiencia, y partidos comunistas que no aceptan la inviabilidad de las experiencias actuales del socialismo. Unos y otros siguen afincados, en el fondo, en las posiciones que lieron origen a la división del movimiento obrero en los años veinte y son un obstáculo muy serio para la cooperación y unidad de la izquierda europea».En otro momento, Sartorius rezonoció que «la izquierda está diridida en España y en Europa; la izquierda no tiene alternativa, ni en España ni en Europa. La derecha, por el contrario, sigue avanzando, y con ello no se resuelve la crisis ni se progresa en el camino de la distensión».

«Pienso», continuó, «que el avance de la izquierda y la conquista de un papel cada vez más autónomo de Europa occidental con respecto a Estados Unidos en una política de paz y antibloques, tiene que darse en forma más o menos paralela con una democratización de los países socialistas, acompañada de una autonomía creciente de éstos con respecto a la Unión Soviética».

Los elementos que podrían significar una tendencia positiva, según Sartorius, son los acontecimientos de Polonia, la evolución del laborismo inglés y la socialdemocracia sueca, entre otros; en cuanto a signos que demuestran la dificultad del empeño, puso de relieve la progresiva división de la izquierda francesa y el mal momento que atraviesa la izquierda italiana, así como el hecho de que «en Portugal retrocedemos y en España no avanzamos». Asimismo se mostró convencido de que el eurocomunismo no ha muerto.

«En el caso de nuestro país», agregó, «todo depende, en mi opinión, de la futura evolución de las relaciones entre el PSOE y el PCE. Las presiones para que uno y otro se conviertan en partidos tradicionales, uno de corte socialdemócrata, otro de línea viejo-comunismo, son fuertes. Si ello sucediera, no habría nada que hacer desde la izquierda en nuestro país».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 1980

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