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Crítica:

Blanco Amor, en el recuerdo

«Matemáticamente, tengo que morirme dentro de tres años. Yo venía directamente a morir, como es la obligación de todo jubilado bien educado.» Estas palabras fueron pronunciadas, con un claro sentido premonitorio, por el escritor Eduardo Blanco Amor, fallecido en Vigo el pasado 30 de noviembre, en el transcurso de un programa de Encuentros con las letras.

Hoy, como homenaje al escritor gallego exiliado durante muchos, años en Argentina, el mismo programa reproduce buena parte de la conversación que entonces mantuvo con él el entrevistador Fernando Sánchez Dragó. Por otra parte, Valentín Paz Andrade. traza una semblanza del que fuera coetáneo y gran amigo suyo «gallego errante», como él le llama a Eduardo Blanco Amor.

«Terminó la guerra, yo me quedé allí, en Argentina», decía Blanco Amor, «terminó mi expediente, que como no estaba yo aquí, no había hecho la guerra. Pronto pude volver a España, pero entonces me hice exiliado voluntario, exiliado honorario, y me quedé allí hasta que vino el último exiliado.»

Y continuaba Blanco Amor sobre su condición de jubilado: «Se jubila, primero se le mueren las arterias, después se le enflaquecen, se le enflaquecen muchísimas cosas, se hacen desobedientes muchos órganos del cuerpo. Los míos fueron los indispensables. El resto respondía con una seguridad tan asombrosa que tuve una cosa que se llama trombosis coronaria que debió hacerme polvo y me devolvió, me devolvió, ¿eh?, lleno de brío y de juventud. Entonces se establece una lucha entre lo biológico y lo biográfico. Yo llevo encima esa coraza terrible de una ficha médica que todas las mañanas recuerdo al tomar una píldora, que es lo biológico. Y lo biográfico, que no se resigna a hacer unas memorias. Cada vez que un editor me pide mis memorias me parece que me está insultando... Yo cuento los libros antes. Cuento mis memorias para animarme a escribirlas, pero, bueno, yo me voy concediendo prórrogas como esos malos pagadores que retardan el pago de los bancos.»

El resto del programa de Encuentros con las letras -cuarenta minutos- está dedicado al debate sobre el tema Literatura sefardí, que es analizada por Jacob Hassan, investigador del Instituto Arias Montano de Estudios Hebraicos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En la entrevista se aclaran las diferencias entre el sefardí (dialecto judeo-español, medieval-renacentista) y el ladino, traducción directa de los textos bíblicos en hebreo al castellano, lo que condiciona una distorsión sintáctica, por lo que el ladino no es una lengua para hablar. En el programa se explica también por qué el sefardí es un idioma derivado del castellano y no de otras lenguas peninsulares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de diciembre de 1979