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Barnard se retira de la medicina

El doctor Christian Barnard, de 57 años, pionero de los trasplantes de corazón hace doce años, ha anunciado, y parece que esta vez va en serio, que se retira de la medicina. Razones: «Me siento cansado. No tengo tiempo para mi vida privada. La artrosis me impide utilizar mis manos como quisiera.» Un ensayo de esta ruptura con la medicina lo hizo en los primeros meses de este año, cuando inauguró en Roma un lujoso restaurante de su propiedad con sala de fiestas incluida, y se presentó él mismo como cantante. Volvió, sin embargo, a la medicina de trasplantes.

De hecho, Christian Barnard no realiza operaciones de trasplantes desde hace dos años, pero sigue en la vida activa de la medicina cardiológica como experto y asesor, tanto en su consulta privada como en los congresos que se organizan en todo el mundo sobre este tema.De los iniciales corazones humanos -Wahskansky, Bleiberg y así hasta más de una decena de nombres- el médico surafricano pasó en los últimos años a trasplantar corazones de chimpancés a pacientes humanos. Uno de estos últimos casos fue la operación de la joven italiana Marilena Mattiuzzo, de veintiséis años, que murió al no poder asimilar las funciones de un corazón de mono, concretamente un babuino, especie de simio muy abundante en Suráfrica.

Dejar el relevo a los jóvenes

Al cabo de diez años sin apenas repercusión popular de su trabajo, Barnard ya consideraba «que es un acierto de un médico dejar de practicar la medicina cuando llega al borde de sus fuerzas. No quisiera tener que ceder el bisturí a otro médico a la mitad de una operación. No me retiro por las críticas que me han hecho. El trasplante ya no es una operación nueva, sino simplemente normal. Debo dejar el relevo a los cirujanos más jóvenes».Ahora, en el IV Congreso Latinoamericano de Cirugía, que se celebra estos días en la Universidad Católica de Santiago de Chile, en el que ha insistido en su definitiva retirada de la medicina, el doctor Barnard se ha mostrado claramente reticente con respecto a los corazones artificiales. «Son muy peligrosos y caros, tanto por los quince millones de pesetas que cuestan como por el peligro material radiactivo que contienen. Los marcapasos atómicos requieren una estrecha vigilancia, ya que la actividad que liberan podría utilizarse con malos fines, en cuyo caso podría dejarse una ciudad como Santiago paralizada durante cincuenta años.»

¿A qué se va a dedicar entonces Christian Barnard cuando abandone la medicina? «A mi vida privada, a mis negocios. A mis aficiones particulares.» Y ha añadido otra cosa: «Ser embajador de mi país es algo que iría con mi forma de ser.»

Aunque Barnard se retire, la cirugía del siglo XX le dedicará un puesto de honor, porque desde que él inició la técnica de los trasplantes de corazón hace doce años se han realizado en el mundo 34 trasplantes, diez ortotópicos (reemplazo del órgano cardiaco), de los que sobreviven dos personas, una desde hace once años y la otra desde hace nueve. Además se han realizado veinticuatro trasplantes heterotópicos (se injerta un nuevo corazón, pero se deja también el del paciente), de los que sobreviven doce pacientes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de noviembre de 1979

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