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La situación es ya insostenible en el mundo de los toros

Los intentos, en inviernos pasados, de democratizar el mundo de los toros fueron un fracaso. El motivo estuvo no tanto en el poder de los grandes empresarios como en el desenfoque de la cuestión por parte de los profesionales del toreo: el movimiento, sólo a cargo de los más modestos, consistió en que los de menor calidad querían imponer por la fuerza su inclusión en las ferias y carteles más importantes. Evidentemente, ese no es el camino y nadie, en pura lógica, podía apoyar tales posturas. Acabaron echándose la gente encima.

Y, sin embargo, el cambio radical de estructuras es necesario porque la situación se ha hecho insostenible. El monopolio empresarial, más aún que en etapa anterior la hegemonía de los apoderados, ha causado graves daños a la fiesta y ahí están, como prueba, las acusadas deficiencias (incluso carencia) técnica y artísticas que padece el espectáculo.La situación empeora en es tos momentos como consecuencia de las subastas de las plazas, pues la mecánica de las mismas, que delata una absoluta falta de afición, de interés verdadero hacia el futuro de la Fiesta por parte de quienes la convocan, establece unos cánones disparatados.

Después de pagar unas cifras astronómicas por los arrendamientos, los empresarios no van a tener más remedio que buscar su rentabilidad acentuando los usos monopolistas para extraer el máximo jugo de lo que entra por taquilla. Junto a la elevación del importe de los boletos, vendrá el recorte de honorarios de los toreros y de los precios de las reses, y vendrá, a su vez, el aumento de las exclusivas de matadores (puede ser que también de divisas) para que no se les escape ni una influencia, ni una peseta, y todo lo que se mueva en el espectáculo confluya a engrosar el activo de sus cuentas.

La situación, decíamos, es insostenible. En estas condiciones, ni los restantes estamentos que componen el espectáculo, ni el espectáculo mismo en su conjunto, van a poder resistir por mucho tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de enero de 1979

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