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Monseñor Guerra Campos, contra el proyecto constitucional

«Desde la perspectiva de la comunidad católica española hay que registrar un hecho importante: el proyecto constitucional ha suprimido toda referencia a Dios y a la inspiración cristiana de la sociedad», afirma el obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos, en un documento hecho público ayer bajo el título «¿Constitución sin Dios para un pueblo cristiano?».Tras referirse a que las leyes constitucionales hasta ahora vigentes contenían «el acatamiento por parte de la nación española de la ley de Dios, según la doctrina de la Iglesia católica», el obispo integrista escribe que el proyecto constitucional es «tan regresivo en este punto como si España partiese ahora de cero» y «se sitúa en una posición de neutralidad respecto a los valores cristianos, de tan larga tradición en el pueblo».

«Como consecuencia -añade monseñor Guerra Campos-, la ordenación resultante carece de criterios morales bien definidos, pues la mención de principios superiores -a los que dice subordinar las normas convencionales se diluye- en la ambigüedad.» El obispo de Cuenca señala que, aunque en el proyecto constitucional se habla de respeto a la vida de todos, portavoces de grupos parlamentarios han declarado en el mismo Congreso que esa norma no cierra el paso al intento de legalizar en su día la rnatanza de criaturas inocentes e indefensas en edad prenatal.» Igualmente agrega que «el proyecto incluye el principio del divorcio.»

Después de señalar otras «ambigüedades voluntarias», el obispo de Cuenca afirma que «el hecho que hay que registrar para la historia es éste: nuestros gobernantes, que en gran número se cuentan como católicos, han contribuido decisivamente, con su iniciativa a implantar en el orden político la famosa afirmación de Manuel Azaña cuando se debatía la Constitución de la República en 1931: «España ha dejado de ser católica».

El docurnento indica que «en relación con algún punto, en que interesaba contener posibles reacciones contra ambigüedades pactadas, se ha notificado de modo oficioso y directo al Episcopado el propósito de dar con hechos a la norma ambigua una interpretación aceptable. Promesa naturalmente subordinada -añade- a la permanencia de ciertos grupos y personas en el poder».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de agosto de 1978