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CARTAS AL DIRECTOR

Se pasó el servicio de orden

Soy trabajador no perteneciente a ningún partido. El día 7 fui con unos amigos al primer mitin del PCE en Madrid, en Vista Alegre. Al llegar nos asombró el fuerte aparato del «servicio de orden» fuera y dentro de la plaza. Durante la intervención de Víctor Díaz Cardiel observamos en el ruedo un intento por parte de un grupo de asistentes de ondear una bandera republicana. Quedamos perplejos al ver la contundencia del «servicio de orden»: llegaron a arrastrar a alguna chica por los cabellos y golpearon a varios muchachos, creándose un altercado que paralizó el desarrollo del mitin, mientras el orador trataba de calmar los ánimos haciendo ver que la bandera común de los asistentes era la roja con el martillo y la hoz y, que al fin y al cabo, una bandera es un trapo. El rechazo que tal incidente nos produjo motivó que abandonásemos sin mediar palabra las gradas, no sin antes oír acusaciones de «Fascistas» y «Provocadores», algunas de ellas dirigidas a nosotros, que con nuestra actitud evidenciábamos no estar de acuerdo con la desdichada actuación del «servicio de orden».Ni mis amigos ni yo estamos dispuestos a que por esta carta se crea que apoyamos, por ejemplo, a Fraga o a la derecha. Como trabajadores, queremos dejar constancia de que la democracia a la que aspiramos pasa por el absoluto respeto de las diferentes corrientes políticas. Dicho respeto pasa, sobre todo, por la necesidad de no ejercer violencia sobre quien trate de expresarse. Después del precedente de Vista Alegre no entendemos cómo pueden corearse masivamente consignas como «Legalización de todos los partidos» y, al tiempo, reprimir con innecesaria violencia el intento de ondear una bandera tricolor. Si en recientes mítines del PSP y del PSOE han ondeado esta y otras enseñas, sin producirse ningún incidente, nos parece muy lamentable que ocurra esto en el primer acto público del PCE en Madrid, después de cuarenta años de dictadura y clandestinidad.

¿No es posible que un «servicio de orden» deje de esgrimir en este país la violencia como supremo argumento?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de mayo de 1977