Alianza Popular no renuncia al voto obrero
A un mes y medio de las elecciones, cuando la caza y captura de votos potenciales se hace más apremian te para los diferentes partidos, el sufragio de los trabajadores españoles (nueve millones de asalariados, algunos millones más de sufragios contando las familias) adquiere una vital importancia para todas las fuerzas que se pro ponen recurrir a las urnas. Partidos y sindicatos son conscientes de la importancia del voto obrero, que va a ser decisivo, y tratan en estos días de encauzarlo, aprovechando la implantación de las siglas propias y los errores las ajenas.Así Alianza Popular, está decidida a echar sus redes hasta el final, sin ruborizarse en su pasado y presente franquista, en lo que aparentemente tenían que ser aguas jurisdiccionales de los partidos obreros. Con habilidad sigue lanzando su anzuelo, como en varias ocasiones ha puesto de manifiesto EL PAIS, con diversos testimonios, en un importante colectivo: el antiguo personal de la Organización Sindical -hoy perteneciente a la etérea Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales (AISS)-, que agrupa a más de 30.000 personas, y en alguna medida controla el importante aparato de la antigua CNS, corno factor multiplicador de influencias y -consecuentemente- de votos.
La oportunidad de la manifestación del personal de la AISS del jueves último, coincidiendo en día y hora con la apertura de la ventanilla que iba a dar carta de legalidad a las centrales sindicales, fue en sí algo más que una coincidencia. El panfleto de Alianza Popular; que circuló puntualmente entre los manifestantes, donde se llamaba «revanchistas» y «arribistas» a los artífices de la reforma sindical y se ofrecía, en cuanto a seguridad de empleo, la opción de la coalición de los ex ministros para después de las elecciones, fue una descarada maniobra con fines electorales para sacar partido a la natural inquietud de este colectivo ante su futuro. Alianza, también en la arena sindical, explota el miedo para ganar sufragios.
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