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Ciclismo

Ocaña: "En nuestro país se me subestima"

Luis Ocaña tomará parte en el Campeonato de España, que mañana se disputa, y en el Tour, que comenzará el próximo día 24. Sin embargo, y a pesar de los deseos de victoria que el corredor siente, su inscripción en ambas pruebas puede ser truncada por una ciática que se le ha declarado hace tres semanas y que en cualquier momento le puede apear de la bicileta.

Luis Ocaña es un corredor perseguido por la desgracia. -Llámese esta lesión, caída o enfermedad, ha tenido que sufrirla en los momentos más inoportuños. A las puertas del Campeonato de España y en la antesala del Tour, sufre una ciática que puede abortar todas sus,flusiones. -«Día a día dice - va mejor, pero aún me molesta. Me he cuidado tenazmente, pero me asusta pensar que las dolencia! pueden volver a aparecer en cualquier instante.»Nunca ha dudado en participar en el Tour. «Nunca ha sido cuestión de no ir», pero cuando se le recuerda la ausencia de Merckx en la clásica francesa, sus palabras, su acento y su voz se torna agria. ¿Prefiero que Merckx corra. He ganadó pruebas con él y sin él. En ningún lugar de Europa se especula con las posibilidades de Ocaña cuando Merckx no corre. En España se subestima el valor de Ocaña, un corredor que siempre ha puesto su voluntad al servicio de un oficio que trata de hacer lo mejor posible.»

Alrededor de cuatro mil kilómetros ha de recorrer el que en los Campos Elíseos sea coronado como vencedor de la edición 1976 del Tour de Francia. Ocaña piensa en el maillot amarillo, sueña con él, cree incluso que pueda enfundárselo tras la última etapa de la carrera. «Deseo la victoria más que antes Intentaré conseguir el triunfo antes de enfrentarme a la carretera, me en cuentro con moral de victoria.»

Para Luis Ocana, sin embargo, no son una bendición los 31 años que la semana pasada ha cumplido y los diez de profesionalismo que sus piernas testifican pienso que corro desde hace mucho tiempo, pero encima de la bicicleta nunca se me ocurrió ahorrar energías. Al contrario, me entrego al máximo, en cada una de las pruebas. Me parece cuando estoy sábido al sillín que tengo 23 años., Y eso me equivoca.»

La vida deportiva de Ocaña, está jalonada por una línea irregular, que va del triunfo al fracaso, de la alegria la tristeza, dela ilusión ata, desesperanza. Para la afición, Ocaña ha «pinchado» cuando todo lo tenía a favor y ha «roto» el pelotón cuando parecía que las cadenas de los gregarios de otros equipos más sujeto le tenían. «Ha habido de todo, si, en mi historia deportivo. A años vista no se puede decir de mí que sea un prototipo de regularidad en las victorias. Pero se debe tener en cuenta que las caídas y las enfermedades me han marcado mucho.»

Tiranía. De insolente tiranía se ha calificado el poder» que eliefe de fila del equipo tiene sobre su! gregarios, unos hombres que en la generalidad dé las ocasiones se han visto relegados al más oscuro de los olvidos. «No se puede hablar de tiranos -asegura Luis Ocaña- en descargo de los jefes de equipo. En un conjunto fuerte, un grupo potente, siempre está la figura del hombre base y de los gregarios. Para éstos, ayudar a aquél es su acción. Además, no resulta extraño que un coequipier finalice vencedor una carrera de la importancia que sea. »

Caídas, caídas, caídas. Las caídas de Luis Ocaña son famosas por dos razones: su aparatosidad y su frecuencia. «No es exacto que Ocaña -dice- caiga mucho, ni el que más. Otros lo hacen tanto como yo y nunca se habla de ellos.»

Algunas, es verdad, le impidieron ganar grandes pruebas. Como aquella desgraciada que sufriera en 1911 durante el Tour, cuando corría en solitario hacia la meta. En la general llevaba viarios minute de ventaja al segundo clasificado.

Dejó un equipo francés para venir a correr en uno español. Aseguran que no le sentó bien el cambio de aires. «En absoluto. Gané el Tour en 1973. En. el 74 estuve muy enfermo; fisitamente, acabé el año destrozado. En el. 75, no sólo me encontraba en un equipo nuevo, sino que, además, no estaba recuperado de la temporada anterior. Este año creo que ando bien, pero no me acompaña la suerte.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de junio de 1976